miércoles, 5 de marzo de 2014

Un curso

Ayer lunes empecé un curso nuevo; no es uno cualquiera, sino que es el curso más útil que me han dado en casi diez años. Es de Asistencia a la Edición, y me cuenten lo que me cuenten estoy segura que me gustará porque todo es prácticamente nuevo para mí. Corregiremos textos, aprenderemos a crear folletos, asuntos comerciales, programas de diseño…

Dos días antes decidí cortarme el pelo como un paso más para alcanzar una nueva etapa a la que espero llegar al término de este curso. Era algo que llevaba rumiando unos tres meses, pero me apunté como figurante a una película de Santiago Segura y en las fotos que me hicieron en el casting salía con el pelo largo, en plan macarra, y así me tenía que quedar, al menos mientras estuvieran haciendo la película. Pero han pasado varios meses y, no sólo no me han llamado, sino que he visto que han llamado a Jesulín y a su mujer para aparecer en el largometraje. Cierto es, que Santiago Segura pone rostros populares en sus películas con el fin de atraer al público, pero me ha sentado mal ver, una vez más, que si no eres amiguete de alguien que no te comes una mierda.

Hoy, durante el descanso, tuve ocasión de hablar con varias compañeras (todos somos mujeres menos un chico joven); una de ellas había estado trabajando dieciocho años en una emisora de televisión y se fue a la calle después de un ERE. Ayer vi en la portada de una revista que María José Campanario ha hecho su debut en televisión. ¿Cuál es su mérito? No sé si mi compañera de curso, a la que echaron por el ERE, estará al corriente de esto, pero su caso es, también una vez más, la muestra de que cualquier esfuerzo por formarse para ser un profesional como es debido, en cualquier sector, es algo cada vez más carente de sentido por la falta de sustancia cerebral que se pide ahora para muchos trabajos.

jueves, 13 de febrero de 2014

Una buena conversación

El sábado no me apetecía nada salir y me llamó Sarah para ir a un concierto de los Hobbies; pero entonces parecía que era ella a la que no le apetecía. Le convencí para no quedarnos en casa como dos idiotas y le dije que nos quedábamos sólo dos horas y luego nos íbamos. Además, al día siguiente (por el domingo), yo quería ir a una manifestación de apoyo a los galgos que había en la Puerta del Sol y no era cosa de llegar a casa a las cinco de la mañana y luego levantarme a las diez. Pero, una vez allí, me enteré que también tocarían en un par de temas Eduardo Ramírez y Javier de Juan, de la primera formación de Cadillac, y decidí quedarme hasta el final.

Como suele ocurrir muchas veces, José María Guzmán le invitó a Sarah a cantar Proud Mary y yo me encargué de inmortalizar el momento, con el móvil en una mano y el gin tonic en la otra pero, ainssss, no puedo subirlo al blog porque el archivo pesa demasiado (para otra vez grabaré sólo la mitad de la canción o que canten sólo el estribillo).


La actuación terminó cerca de las tres y Sarah y yo nos fuimos, claro, qué tontería, no nos íbamos a quedar. Creo que llegué a casa a las cuatro y, no sé cómo, conseguí levantarme a las diez y media. Me tomé un café corriendo y me fui.


Cuando llegué a la Puerta del Sol me puse a buscar los galgos y no vi ninguno. “Claro”, pensé, como hace mal tiempo han cancelado la concentración y yo no me he enterado. Entonces me acordé de que tenía Facebook en el móvil y miré… En fin, un despiste lo tiene cualquiera: la manifestación a la que yo quería ir no era hoy, era el 16 (menos mal que no le dije a nadie que se viniera conmigo).

Bueeeno, ya que me había levantado después de dormir tan poco, decidí ir a la Cuesta de Moyano para buscar un libro que le interesa a mi amigo Luis, La Primera Guerra Mundial de Hew Strachan. Para el que no conozca Madrid le diré que la Cuesta de Moyano es una calle de Madrid que está en pendiente, junto al Retiro, y en ella hay unas treinta casetas con libros viejos, nuevos, joyas bibliográficas. Fui preguntando en todas las casetas por el libro, pero en ninguna lo tenían. Encontré libros de historia militar, otros de historia del arte con las letras grabadas en oro, libros de poesía… ¡Juraría que vi una enciclopedia!


Cuando me detuve en una dedicada a los cómics, entablé conversación con el hombre que llevaba el puesto. Estuvimos hablando de Historia, Arte, la Guerra y así estuvimos un buen rato. Tampoco él tenía el libro, pero pasando de un tema a otro, me recomendó varios que de buena gana me hubiera llevado si mi economía me lo hubiera permitido (todo llega). ¿Pude estar quince minutos o veinte? No lo sé, pero disfruté mucho de una charla a la que llegué porque me despisté por correr más que los galgos.


viernes, 31 de enero de 2014

Ruido

Llevo en la biblioteca cosa de dos horas o así. Vine con la esperanza de un poco de tranquilidad para estudiar, porque no hay nada como unos vecinos ruidosos para valorar otras oportunidades de paz. Al rato de llegar y ocupar un sitio con enchufe para el ordenador se han sentado dos adolescentes, que no sé si han venido a estudiar o a ordenar los apuntes o qué leches. Lo cierto es que he tenido que ponerme los auriculares y poner a Bach a todo volumen porque, no sé cómo lo hacen, el trasiego de papeles que se traen es insoportable.

Bach.

Como sigan así, dentro de un rato tendré que pasarme a Beethoven, cuya bendita sordera le impediría enterarse de semejante ruido, pero no le impediría ver la expresión de inteligencia de estas dos niñatas. A ver si el portátil termina de cargarse y me puedo cambiar de sitio.

Beethoven.

lunes, 27 de enero de 2014

Puzzles

Hoy ha sido unos de esos días en que siento que no encajo en ninguna parte. Llamas a alguien, y no puede quedar, y a otros no me atrevo a llamarles por miedo a que no les guste mi plan, eso por no hablar de las ofertas de empleo de las que no cumples las condiciones. Al final, he pasado horas de horas en una hamburguesería, leyendo un poco y aprovechando la conexión wifi. Yo tengo en casa, pero es por variar un poco de aires.



Las personas somos como las piezas de los puzzles, que hay que ir cambiándolas de sitio hasta dar con las piezas con las que encajan. Otra cosa será que al meter las piezas en las cajas, hayan puesto una en la caja equivocada: no puedes forzar la pieza para que encaje, lo suyo sería dar con la caja que le corresponde, pero eso es muy difícil.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Ovejas

Ayer vi algo que ve todo el que es usuario del Metro, y no sólo el de Madrid. Salí con mi madre a comprar unas cosas que nos hacían falta y a la vuelta, como ya estábamos cansadas, decidimos coger el metro para regresar antes a casa; era viernes por la tarde y el autobús prometía atasco. Tuvimos que hacer varios transbordos y cada vez que entraba un convoy en la estación, mirábamos donde iban quedando las puertas mientras se detenían los vagones, como si estuviéramos en un casino para jugar a la ruleta y miramos a la bolita para que se detenga en nuestro número.


Foto extraña, porque suele ocurrir que los que salen no salen porque los de fuera se empeñan en entrar antes de tiempo. Es como si se jugara un partido de rugby. 

Una vez dentro del vagón, buscábamos con ansia algún asiento o, en su defecto (lo que ocurría la mayoría de las veces), un barrote al que agarrarnos y no caernos al suelo. Mi madre tiene 77 años y ya le cuesta agarrarse a un barrote. Igual a la gente joven que se quedó sentada cada vez que mi madre entraba en un vagón le pareció que mi madre no era lo suficientemente mayor. No es muy alta y tiene el pelo cano; y arrugas, claro. Tres metros que tuvimos que coger para volver a casa y sólo una chica se levantó para ofrecerle el asiento. El resto, todos sentados, incluso los que estaban en asientos reservados.

No hace falta ningún comentario.

El que va en rebaño se convierte en oveja; la frase no es mía pero seguro que el que la inventó vio a mucha gente mayor regresando a su casa a pie porque a los más jóvenes les pesaba el culo, y lo que hace uno lo repite otro, y pegando voces y empujones, como las ovejas cuando parece que no se enteran de dónde vienen ni a dónde van.

No hay mucha diferencia entre la foto de arriba y la de abajo.



El viaje se nos hizo larguísimo; menos mal que pudimos ir sentadas los últimos quince minutos: mi madre un poco más.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Una agradable sorpresa

Llevo varias semanas con una especie de frío incrustado en el cuerpo por lo que, de vez en cuando, si salgo a la calle a hacer gestiones entro en alguna cafetería a tomarme algo para entrar en calor, y hoy me metí en un restaurante de comida rápida, donde tienen un café muy económico.


Estaba viendo los desayunos que había y decidiendo qué tomar ajustando el precio, cuando se acerca una mujer y me dice que están haciendo una encuesta sobre desayunos y que me invitaba a tomar uno. Me quedé flipando, claro. Me senté a la mesa y me puso un pan con tomate y un cappuccino.


Mientras la señora me hacía las preguntas, yo saboreaba el desayuno que me habían servido por la cara, y lamentaba en mi interior que una cosa así no ocurriera más veces. Fue divertido y me atrevería a decir que navideño.


Se terminaron las preguntas y el desayuno, y me fui para continuar con mis asuntos. Había tenido una agradable sorpresa, de esas que echamos de menos cuando no ocurren. Por cierto, suerte el domingo con la Lotería. Felices Fiestas.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Mala memoria

Hace unos días fui a una feria sobre el empleo en el IFEMA de Madrid. Daban charlas, asesoramiento personal, perdón coaching; también asesoramiento profesional… Éste último fue muy útil porque me dieron nuevas posibilidades para escribir mi curriculum que no se me habían ocurrido. Al menos algo me compensó las interminables colas…

En cierta forma me fui de allí optimista, parece que hay salida. Pero nunca falta alguien que tiene la habilidad de fastidiarlo todo. Un comentario impertinente, un sarcasmo gratuito, la callada por respuesta… Terminé echándome una siesta interminable para desconectar y no tener que pensar; no sé cómo hay gente que tiene el don de controlar las cosas de esa forma. Lo intento yo y no lo consigo. Es como si no fueran felices si no ven desgraciados a los demás. ¿Qué buscan? ¿Qué pretenden?

Estoy segura que, cuando cambien las cosas, esos serán los primeros en ponerse para la foto y soltar aquello de “oye, lo que quieras”. Pero yo he cambiado, y aunque no me persiguen deseos de venganza, si me persiguen de indiferencia, asco y tristeza. Yo también tengo mala memoria cuando quiero.