martes, 19 de marzo de 2024

El mundo es un pañuelo

Hace unos días me ocurrió algo curioso. Un amigo que toca el acordeón nos invitó a un concierto de jazz manouche en el que tocaban él y un amigo suyo que tocaba un tipo de guitarra que no había visto nunca. No tenía muy claro lo que íbamos a escuchar pero al menos no era reguetón. Aquello fue espectacular. Hora y media de pura música en un concierto al que se sumaron sobre la marcha otro guitarrista y una cantante con una voz que no dejaba indiferente.

Empecé a fijarme en la cara del guitarrista y en su apellido. No paraba de darle vueltas al asunto y me puse a buscarle en Internet a él y a su familia… No encontré nada.

Él era un hípster: lo supongo porque llevaba gafas de pasta y una barba muy espesa. Tocaba muy bien la guitarra, la verdad.

Hasta que acabó el concierto. En vez de acercarme a felicitar a mi amigo por su intervención, me acerco al guitarrista y le pregunto: «¿Tu padre no es profesor y tu hermana se llama Nuria? Porque si es así, que sepas que estuvimos en la misma clase en 1º de BUP y que yo estuve una vez en tu casa viendo un documental sobre cómo trasquilar ovejas».

Nos sacamos una foto juntos para enviársela a su hermana para ver si su hermana se acuerda de mí. No creo que Nuria me reconozca, pero fue divertido ver la cara que el músico puso cuando vio «lo que sabía de él». Estas son pequeñas sorpresas que ocurren a veces. El mundo es un pañuelo.

miércoles, 10 de enero de 2024

Te lo dije

Conozco gente que se empeña en tratar con gente que les hace sentirse mal. Da igual que se la jueguen una y otra vez: seguirán tratando con esas personas y, encima, los justificarán. No sé cómo llamar a eso pero es desesperante: intentas aconsejar a alguien a quien están haciendo daño porque ves su situación desde fuera y por eso te das cuenta de lo que pasa. No entiendes cómo se puede ser tan idiota para dejar que te pisoteen. Entonces te acuerdas de que a ti te pasó lo mismo muchas veces y era inútil que te dijeran «esa persona no te conviene»: solo aprendías la lección cuando te llevabas una decepción, y a veces eso tenía que ocurrir varias veces.

Hace poco le decía a alguien «si vas con esa persona puede volver a hacerte daño, no es que tenga una bola de cristal, lo sé por experiencia». Y te dan la razón, pero la burra siempre vuelve al trigo. O a lo mejor soy yo, que empiezo a parecerme a una persona mayor (ya tengo suficientes años para ello) de esas que cuentan batallitas. Quizás no entiendo que a veces es más productivo aliarte con alguien que es capaz de vender a su madre con tal de tener una victoria, aunque sea pírrica. No lo entiendo. Y seguirá ocurriendo, y yo diré «te lo dije», igual que me lo dijeron a mí. Por cierto, Feliz 2024.