sábado, 9 de septiembre de 2017

Vergüenza ajena

Viendo lo que pasa en el mundo, no me puedo quejar de mi situación. Al menos tengo paz y algo de incertidumbre, pero la justa. Tengo gente que me aconseja bien y gente con la que puedo reírme, pero que no se ríen de mí.

Hace años, en un almuerzo en el que todo éramos mujeres, resultó que una de ellas era hija de un cirujano plástico. Rápidamente, la conversación surgió en términos de "yo me quitaría culo", "yo me pondría tetas", "pues yo me haría una liposucción"... Cuando por fin me dejaron meter baza, yo dije " a mí me fallan las cejas y la nariz". No me sorprendió que una de las presentes, cuya tendencia al sarcasmo va cambiando a vulgar mala leche con el paso de los años, me espetara "a ti te falla todo".

Se quedó riendo sola en medio de un silencio sepulcral. Debió pensar que iba a provocar la risa de los demás y lo que hizo fue dejar la puerta abierta a la vergüenza ajena. No sé si fue la mejor respuesta pero, dirigiéndome a la hija del cirujano, le dije "si tu padre lo necesita, con esta idiota puede hacer una tesis doctoral".  No recuerdo la respuesta de la chica que, a fin de cuentas, se había visto entre dos fuegos, pero sí que fue la última vez que la vi. Igual se dejó influir por la sarcástica o, quizás, emigró a China. Me da igual.

En fin, sigo con la misma nariz y las mismas cejas, y el mundo sigue girando. El mundo de la idiota es cuadrado. ¿Por qué he contado esto? Porque me da la gana, no necesito más excusas.

domingo, 30 de julio de 2017

Un reloj de pared

Entro en la sala donde voy a pasar toda la tarde con el ordenador. En la pared, junto a la puerta de entrada, hay un reloj que marca siempre las 16.25. El segundero trata desesperadamente de ir desde el 8 al 9 como si fuera la boca de un pez boqueando.

No hay silencio porque el "tac, tac, tac" de los teclados lo impiden. También lo impide el ruido del taladro que se oye porque está la ventana abierta, a pesar que con ello no se nota tanto el aire acondicionado. La verdad es que con la ventana cerrada también se oye pero no tanto, como cuando me estaba examinando de Prehistoria un mes de junio en un examen oral y un albañil que había fuera se puso a cantar saetas y la profesora tuvo que cerrar la ventana: se ve que no le gustaba el flamenco.

Cuando por fin para el ruido del taladro, le toma el relevo una conversación que sale de detrás de unos ordenadores. Es una de esas conversaciones que se oyen alto y claro, y que no dejan concentrarse al personal. No digo nada por no ganarme un enemigo, pero hablan tan alto que les chistan desde dos mesas más al fondo, y es que se supone que estamos trabajando. ¿Qué tendrán que hablar que tienen que joder el trabajo de los demás?

Por fin se termina el trabajo del día, se acaban los cuchicheos y el tac, tac, tac. El brazo descansa, a casita y a dormir. No consigo desconectar: todas las noches sueño con que los lotes a grabar siguen y siguen, y no terminan nunca, igual que el reloj que nunca avanza, como si no quisiéramos enterarnos del tiempo que pasa.

lunes, 17 de julio de 2017

Una mujer de su casa

Hoy quiero hablar de una de tantas cosas que justifica la existencia del feminismo. Es sólo una anécdota, pero suficientemente ilustrativo.

Recuerdo que hace tiempo me salió un pretendiente que era viudo. Era piloto, tenía piso, coche y cinco hijos. En qué estaría pensando ese hombre que, el mismo día que nos conocimos, empezó a tirarme los tejos, y a mí no tardaron en entrarme los siete males. Mi madre estaba feliz porque sentía que yo estaba muy sola, pero yo solo tenía ganas de estar en las antípodas. ¿Por qué? El tipo aquel se animó solo a hablar, hablar y hablar, y empezó a soltar flores como "es que te quedas viudo y no tienes quien te lave, quien te planche, quien te cocine...". No faltó algún imbécil que me mortificó diciendo que aquello era un gran partido (por aquello de los viajes gratis) pero para mí no podía ser una burla más hiriente. A mí solo me entraban ganas de llorar. Tanto que nos hablaban en las clases de religión del colegio que el amor esto, el amor lo otro, y al final todo se reduce a hacer de chacha del marido.

¡Qué feliz soy fregando las sartenes!

Hace unos meses, leí en la prensa que Emma Watson, la actriz que interpretaba a Hermione en Harry Potter, decía que "el feminismo es la libertad de poder elegir". Yo añado que esa libertad debe seguir dentro del matrimonio porque, aunque el matrimonio pueda implicar que se renuncie a cosas, nunca debe implicar la renuncia a ser uno mismo, y mucho menos si es para convertirte en Bayeta Woman.

¡Mi maridito me ha comprado una lavadora para que tenga más tiempo de barrer!

Sólo una cosa más. Hace algún tiempo estuve viendo un programa de la Cuatro, First Dates, que presenta Carlos Sobera. Es una buena escuela de psicología. Salió un hombre de mediana edad, grueso, aunque agradable de carácter. La pareja que le habían asignado lo vio desde el comedor y, de inmediato, no quiso saber nada de él. Es más, pasó al lado suya sin dirigirle la palabra. El hombre aquel enseguida dijo que otra vez le rechazaban por su aspecto, es posible. Pero si aquella mujer le hubiera dado la oportunidad de cenar juntos, al final le hubiera rechazado igual, porque él lo que buscaba era alguien que "le lavara, le planchara, le cocine... En fin, una mujer de su casa".

lunes, 19 de junio de 2017

Sobre lo que ocurre estos días

Quería escribir algo sobre el calor tan horroroso que hace, pero lo que me sale no me parece de buen gusto con todas las noticias que salen sobre incendios. No me quiero imaginar cómo sería vivir una situación así.

Al menos situaciones así son las que nos hacen ver que aún existe la solidaridad entre las personas. En el incendio que tuvo lugar en Londres, no faltaron héroes que quisieron salvar a personas que estaban en el interior del edificio. En Portugal, efectivos de otros países -entre ellos España- han acudido a ayudar al cuerpo de bomberos portugués, que se ha revelado insuficiente en número, que no en profesionalidad. Y es que, cuando la naturaleza se rebela, su poder es inconmesurable.

Que todas estas desgracias nos sirvan de lección. Es un tópico eso de que tenemos que cuidarnos, a nosotros y a nuestro entorno, pero es así. El Mundo es hermoso, no lo estropeemos.

domingo, 16 de abril de 2017

La antena de la tele

Antes de entrar a vivir donde estoy, me di prisa por saber si funcionaba la tele. A fin de cuentas, buena o mala, hace compañía. Y como tampoco soy una fanática de esas series que están de moda, me apaño con las que no son de pago.

Lo malo es que, siempre que hace mal tiempo, a la antena le pasa algo y cada vez se ven menos cadenas, y las cadenas que quedan tienen una programación que va de mal en peor. Ya no puedo ver Rex, ni Caso abierto, pero ha aparecido la tele del Real Madrid. ¿De dónde ha salido? Telemadrid y La Otra aparecen encriptadas y en 24H siempre aparece el mismo tío.

Me da mucho coraje que ese estúpido artilugio me esté ganando terreno. La cosa ya se ha convertido en un desafío. Al final, terminaré llamando al técnico de la antena cuando ya no pueda ni ver la novela que me gusta: sí, yo también veo esas cosas; el que no, que tire la primera piedra.


domingo, 26 de febrero de 2017

Café de puchero

Hace tiempo una persona me preguntó si tenía alguna ilusión. No supe que decirle, en ese momento mi vida no iba a ninguna parte. Pero las cosas pueden cambiar.


Una sucesión de absurdos traslados había diseminado mi biblioteca por diferentes sitios, demasiados. Ahora los voy recogiendo de un sitio y de otro. Las cartas marruecas y David Copperfield aparecieron en lo alto de un mueble que llegaba al techo, junto a un cuaderno de álgebra de mi abuelo que mi madre estuvo buscando y buscando.


Una gramática de alemán en un cajón roto en un garaje; un libro sobre Irlanda en una buhardilla... ¿Cómo llegó hasta allí? También, poco a poco van apareciendo mis recuerdos sobre los Beatles: recortes de prensa, pósters, vinilos y partituras. Y mis guitarras, claro: ahora sonarán de otra forma. ¡Los autógrafos que me firmaron los Cadillac cuando aún estaba en el instituto! (de eso hace mucho). Platos, vasos y ollas que a saber cuánto tiempo tienen. 


Mientras voy sacando todos mis tesoros de las cajas, se calienta el agua en un puchero para hacerme un café. Cierro los ojos con mi taza entre las manos, el silencio de la mañana, mi ilusión.


domingo, 15 de enero de 2017

La oveja negra

Una vez mi hermano pequeño me dijo "el que va en rebaño se convierte en oveja". Creo que fue porque en su clase había un chaval que no se acoplaba en ningún grupo. Cuántas veces me he acordado de eso cuando se reían de mí porque no encajaba en ninguna parte.

La verdad es que me da lo mismo que me digan lo que sea si no soy un borrego como los demás. "Déjate aconsejar"... ¡Métete en tus asuntos! "Déjate ayudar"!... ¿Quién ha dicho que lo necesite? "Estábamos hablando sobre ti"... ¿Para organizarme la vida?

Los que actúan de esa manera suelen ser gente que tienen mucho más que hacer en sus propias vidas, y luego se quejan de que la vida les ha tratado mal. No hay nada como ser la oveja negra.