jueves, 10 de agosto de 2023

Y de repente, el mundo se paró

He pasado dos días limpiando y ordenando sin parar. No puedo decir que el orden esté entre mis virtudes. Me ocupé especialmente del caos que tenía en el rincón de la salita.

Debajo de todo encontré unos cuadernos que me regaló mi sobrina la mayor. Uno de ellos tiene escrito en la portada "lograré todo lo que me proponga". Este cuadernillo (no es muy grueso, parece un panfleto) lo utilizaba para escribir un diario de forma telegráfica. La última anotación la hice el 10 de enero de 2020: hablaba de una reducción de jornada y de los incendios de Australia. Después dejé de escribir, sin más.

Estaba demasiado pendiente de un trabajo del que no llegaron a llamarme, y también de citas médicas que de tan tarde que me las dieron las cancelaron por lo que ocurrió después. Porque se declaró una pandemia, porque el mundo se paró de repente.

miércoles, 12 de julio de 2023

Qué pena de confianza

Hace tiempo descubrí que, de todas las cosas que te pueden doler, la que peor llevo es haber perdido la confianza en alguien. ¿Cómo te puede hacer ilusión volver a tratar con alguien que te ha “prometido” tantas cosas y luego no ha cumplido ninguna? Llega un momento en que te harta.

Estaba recordando que, en los años de Universidad, tenía una “amiga” que se pasaba la vida diciendo “quedamos el finde y te enseño a esquiar”. Si para entonces no había llamado, alguna vez llamaba yo, ¿por qué no? Pero siempre me atendía la llamada su madre que me decía “Paloma se fue ayer a esquiar, regresa el domingo”. Una vez me dijo de quedar cuando yo ya había quedado y va y me dice “ay, ¿y por qué no cambias el plan? De verdad que quedamos”. Me lo tragué y me dejó colgada, cumpliendo la tradición.

Creí que cuando fuera una persona madura eso ya no me ocurriría y que nadie me tomaría el pelo. ¡Ja! Los hay que tienen un arte… “Oye, qué te pasa. ¿He dicho algo malo?”. Mi madre dice que un día voy a tener un problema si contesto como contesto cada vez que alguien me la juega. Me da rabia, esas son las personas que hacen que no haga caso a la gente que de verdad merece la pena. Soy imbécil.

martes, 20 de diciembre de 2022

Como un globo que se desinfla después de pincharse

Mi padre me decía que cuando entras a una iglesia tienes que pedir tres deseos: salud, dinero y amor. Se ve que voy muy poco porque la salud regular, no tengo trabajo y del amor mejor no hablar.

En abril de 2020 tenía cita con un traumatólogo para la revisión de unas antiguas fracturas en el brazo izquierdo: por motivos obvios se cancelaron, pero ahora no hay forma de recuperarlas con el caos que hay en la Sanidad Pública. Mi hermano me decía ayer que si voy al hospital con un hacha en la cabeza como le pasó a Trotski que igual consigo algo… Einsss, que no fue un hacha, fue un piolet. Para el caso da igual, lo dejaron aviado. Desde aquí mando mi apoyo a todos esos médicos de la Atención Primaria que no reciben el trato que se merecen.

Antes que se declarase la pandemia terminé un trabajo por fin de obra o yo qué sé. Me contaron que en cuanto llegara el aviso de que se reanudaba algo que de momento se paraba que nos llamaban otra vez. Seis semanas antes habíamos entrado un puñado de nuevos y éramos una especie de “Dream Team” de la oficina. Pues la cosa se redujo al “dream” del pelota del grupo: ese puñado de personas nos ayudábamos entre nosotros, nos contábamos los consejos de los compañeros veteranos y nos animábamos después de las broncas de los jefes. Todos menos uno: el pelota tenía el arte de sonsacarte toooodo, pero él no soltaba prenda. Ahí te lo comas con patatas.

Y que voy a decir del amor. No es que me haya fijado en algún momento en alguien como pareja, no. Se trata de que más de una persona me ha decepcionado en los momentos malos, y me horroriza pensar que yo también haya defraudado a mucha gente, para qué voy a mentir: volverse como los demás es un mecanismo de defensa. La tradición marca que cuando tienes problemas la gente te da la espalda: eso me da igual porque, al menos, los pierdes de vista y dejan de dar por c***. Pero si hay algo que duele, quizás porque se sale de lo inclasificable, es que me han fallado en los momentos buenos, cuando he podido contar algo que estaba bien no se han alegrado o no me han dado el momento de poder contarlo. ¿Acaso debo tener problemas para que te sientas bien?

Siento que una vez inflé un globo que ahora se ha pinchado y el aire se ha ido poco a poco hasta quedar algo sin cuerpo. Lo más injusto de una situación así es que me empuja a valorar de forma insuficiente las cosas buenas que he tenido. Y de la gente que ha estado ahí…, pocas pero de calidad. Debería estar más con esas personas, y no con el globo que se ha pinchado. Os quiero, y ya puestos, Feliz 2023 y todo lo que venga detrás.

sábado, 30 de julio de 2022

Ten cuidado con lo que pones

“Ten cuidado con lo que pones, a ver si lo van a leer”, me dice mi madre. “De eso se trata, mamá”, aunque no creo que las personas a las que me refiero lo lean, sencillamente porque no leen.

Ahora mismo ha llamado la señora a la que me refiero en el post anterior, para hablar dice. Creo que no tiene a nadie más que a mi madre para hablar porque esta señora no para, sino no se explica. Yo no he cogido el teléfono, pero me doy cuenta de que es ella porque a mi madre no le deja meter baza. ¿Se puede ser más egoísta? Ya colgó.

Este tipo de gente es la que, cuando les llamas tú, no tienen tiempo si no es para sacarte algo. Es como que se dan un tiempo para algo mientras tú te haces la ilusión de que les has caído bien y tienen interés en ti. En tus cosas diría yo: tus amigos, tu trabajo o tu lo que sea. Ahora mismo estoy pensando “a ver si mamá tiene razón y me leen”. Me cohíbo, no me atrevo a decir lo que pienso.

Estas personas son de ese tipo de ¿gente? que si no es el centro de atención de todo desbarata lo que sea, caiga quien caiga, les da igual, aunque echen a perder el mejor plan del mundo. Y lo hacen de una manera muy sibilina, como una serpiente que se arrastra y se te enrolla y te estrangula hasta que dejas de ser el centro de tu propio universo y pasas a ser el centro de una nada.

Ojalá consiguiera pasar de esa gente: a lo mejor hasta me atrevería a decir lo que pienso. Ya no veo las noticias, con lo mío tengo suficiente. Gracias a ti que me escuchas.

domingo, 10 de julio de 2022

Sentando cátedra

Yo creo que a mi madre le da miedo que conteste al ring del teléfono, y es porque tengo muy buena edad de no quedarme callada. Sabe que no me gustan algunas opiniones y que ya no disimulo si algo no va conmigo.

Sin ir más lejos, ayer llamó una mujer que más que hablar llama para monologar. Habla, habla y habla y en el milimétrico momento en que para haciéndole creer a mi madre que le importa su opinión en realidad lo que hace es tomar aire para seguir hablando antes de que mi madre tenga tiempo de decir amén. Maldita egoísta.

Por las respuestas que daba mi madre me daba más cuenta de lo que hubiera querido de cómo opinaba esa mujer: me niego a reproducir nada porque no me alcanza la educación para decirlo sin que suene mal. ¿Qué se puede esperar de alguien que dice “todos son iguales” por no reconocer los méritos de los que no piensan como ella? No sé si seré capaz de reprimir mi opinión la próxima vez que esa mujer llame para sentar cátedra.

miércoles, 29 de junio de 2022

Miraste hacia otro lado

Un día tuve un problema y se lo conté a alguien. ¿A quién? Anda, si se ha ido. Da igual. Anda, otro que se va. Y un día te lo conté a ti: tú también miraste hacia otro lado, en realidad me decías que me podías ayudar pero que no te daba la gana echarme un cable. ¿Te sientes más fuerte así?

Pero un día necesitaste un favor y te acordaste de mí. ¡No entendiste porqué te dije que no! Que si me enfado, que si me he hecho abanderada del feminismo… ¿Te molesta? ¿De verdad que no entiendes por qué no quise ayudarte? Un poco cortito sí que eres.

No lo esperaba de ti, miraste hacia otro lado.

miércoles, 8 de diciembre de 2021

Llega la Navidad

Quedan dieciséis días para la Nochebuena, pero juraría que he visto cosas de Navidad desde octubre. Si solo fuera eso…

Hubo un tiempo en que aún era septiembre y no faltaba alguien que ya empezaba a organizar las reuniones de Navidad. En realidad, lo de organizar es decir algo muy suave. No se trataba de una abuelita que preguntaba quién quería ir a su casa en Nochebuena, era un sargento que decía “todos en mi casa del 24 de diciembre al 1 de enero”. Y pobre del que lo discutiera. “Es que mi madre se enfada”.

Ya no sé cuándo fue la última Navidad “normal” y no lo digo por la pandemia (¿quién podría imaginarlo?). La última Nochebuena antes del confinamiento nos reunimos cuatro personas en mi casa, era la primera vez que hacía la cena en una noche tan señalada. Cuando estábamos a la mitad de la comida me envían un WhatsApp diciendo que mi padre había muerto. A la gente le dio corte seguir comiendo (normal) y sobró casi toda la cena. He de decir que también fue la última vez que hice la cena en semejante ocasión.

Si aquella noche, las circunstancias no nos dejaron estar juntos a los que queríamos estarlo, durante la pandemia esas reuniones fueron más difíciles. Pero el que no se consuela es porque no quiere: sirvió para no ver a la gente con la que no me tomaría un café caliente ni en verano.

Lo malo es que la pandemia tampoco ha puesto las cosas fáciles para reunirme con amigos. ¿Tres veces quizás en todo ese tiempo? Con mi hermano pequeño estuve más veces pero a qué precio: lo que hubiéramos dado porque mamá no estuviera un mes en el hospital. Y cuando por fin parece que mamá y yo podemos ir a algún sitio, siempre se fastidia algo, generalmente alguna ola que sigue su curso porque no hay forma de que la gente no sé de cuenta que no vivimos una broma: coronafiestas, no me da la gana de llevar la mascarilla, no quiero vacunarme...

Necesito ver algo más que la puerta de mi casa pero estamos ya en una sexta ola, y mamá está como si no se hubiera vacunado porque está en el punto más bajo de inmunidad después de haber pasado ya el sexto ciclo de la quimio. Es mi heroína: apenas ha salido a la calle desde que empezó toda esta mierda, y casi no se ha quejado de ello (algo sí, es humana).

Y la Navidad, que debería ser una época de conciliación al final solo resulta época de peleas.

A propósito, hoy se cumplen 41 años de que John Lennon fuera asesinado. Recuerdo, como si fuera ayer, que un imbécil me informó de la tragedia como si fuera algo muy divertido, era un individuo con un humor bastante estúpido. Pero yo creí que era una broma, ¿cómo se va a morir un Beatle? Entonces mi madre llegó a casa y me pidió que le acompañara al Simago que había cerca. Cuando ya dejábamos la tienda me dice de pronto “por cierto, ¿sabes qué…?”. No le dejé terminar, “entonces es verdad, contesté”. Se me hizo un nudo en la garganta, todavía se me hace. I love you, John.