sábado, 6 de junio de 2026

Decepción

Mi madre me contaba muchas veces que la gente que no se casa se queda anclada en la infancia y no evoluciona. He pasado mucho tiempo preocupada porque no se notase que me quedaba atrás y un día me doy cuenta que no hace falta quedarse soltero/soltera para que eso ocurra.

Aparte de que no es justo pensar eso te encuentras con que mucha gente, en mi caso sobre todo mujeres, creen que me tienen que estar diciendo lo que tengo que hacer como si el hecho de no tener un marido o hijos me hace tener menos cerebro.

También está que haber llevado vidas tan diferentes con otras personas no ayuda a la comprensión mutua. Yo no entiendo que ellas enfoquen sus asuntos personales como lo hacen pero ellas tampoco me entienden a mí. Que no pido que me den la razón, eso es muy difícil si no me entienden, pero que hagan por entenderme.

¿Que el problema lo tengo yo? Claro, por eso me quejo pero haz por ponerte en mis zapatos, solo pido eso. Pero cuando te pones los zapatos de otra persona te encuentras que no suelen ser cómodos, están hechos a unos pies deferentes a los tuyos y decides no comerte el tarro. Bueno entre la cabeza y los pies tampoco hay mucha diferencia…

Ya no entro en que parece que unos tienen derecho a lo bueno y otros no, pero yo no estoy dispuesta a tragar con eso, con lo que llego a una gran decepción.

domingo, 15 de febrero de 2026

Estúpid@s

Solo me conoce de un rato antes y ya está soltando pullas, eso que no ha tenido tiempo de conocerme. Ya he pasado por esto y no es nada divertido, pero no falta gente que te dice “para qué te vas a pelear”. ¿¿¿Qué???

No es la primera vez que me ocurre y, en aquella ocasión, no supe defenderme. ¿Qué pretende una persona que actúa así? Nunca lo he entendido, parece que estamos en el cole. Pero si he aprendido algo es que no tengo que aguantar: todo tiene un límite.

Son estas las cosas que hacen cogerle el gusto a estar solo, es lo que tiene toparse con estúpid@s.

lunes, 8 de diciembre de 2025

Para lo que quieras

A veces, cuando alguien está en una situación difícil, llueve la gente que dice «oye, para lo que quieras». Curiosa expresión: habría que estudiar sus múltiples matices…

Hay días que no quiero salir de casa porque me molestan las masas de gente, hay días que no me apetece nada, y para eso mejor estar sol@. Me ha costado darme cuenta de que no debía esperar tanto de determinadas personas, las que hacen que no aprecies como se merecen las verdaderas amistades.

«A ver si quedamos para un café» … Si de verdad hubiera quedado con todos esos que me lo han dicho estaría atacadísima por la cafeína pero siento que me han hecho perder el tiempo, ¡y de qué manera!

Al final duelen más las heridas del alma que las otras.

lunes, 5 de mayo de 2025

A media luz

El día del apagón me levanté tardísimo por el dolor del brazo y entonces empezó a dolerme también la cabeza: no iba Internet ni había electricidad, así que no había tele, la caldera no iba y la nevera estaba apagada. Pues eso, era un apagón. Era 28 de abril de 2025 pero parecía que habíamos vuelto a tiempos de los romanos.

De momento, volé al bazar de mi barrio y conseguí una linterna de esas que son como pequeñas farolas que se ponen en los libros y que llevan pilas incluidas. Y para enterarme de lo que pasaba me informaba una vecina: me contó que fue en casi toda España, pero también fue en Portugal y también en Francia. Luego se dijo que también en parte del resto de Europa… Pero ¿cómo podía saberlo? La radio, nuestra vieja amiga la radio. Tenía coche y cada poco iba a enterarse de lo que podía y nos contaba lo que pasaba.

Yo no sé ni dónde tenía mi transistor y tampoco se trataba de que me volviera loca buscándolo (tengo un radio cassette pero hace falta enchufarlo…). Ya me compraré uno en cuanto se pase la vorágine. Y una buena linterna, claro. Eso de estar a media luz como en el tango no me va: ni vivo en la calle Corrientes, ni tengo ascensor, y en una casa tan pequeña no es posible un cóctel de amor.

El problema no tardó en arreglarse para la gravedad que tuvo el asunto (en mi caso fueron 12 horas), a pesar de lo cual no falta quien pone palos en las ruedas.


viernes, 6 de septiembre de 2024

Un encuentro afortunado

Andaba yo encerrada en mis pensamientos, digo encerrada porque nadie me hubiera sacado de allí si lo hubiese intentado. Estaba preocupada por cosas que igual en el futuro me hacen gracia pero ahora no. Y de pronto una cara sonriente me pregunta: «¿Te acuerdas de mí?». ¡Claro que me acordaba de ella! Intercambiamos recuerdos de forma rápida porque a las dos nos esperaban. Nunca un mal gesto, siempre serena, siempre me dio buenos consejos. Prudencia de la que deberían aprender muchos… Me siento mejor, ya no me encuentro tan sola. ¿Tienes tiempo de tomarte un café?

domingo, 12 de mayo de 2024

Tres años y cuatro meses después

Tres años y cuatro meses después. Suena a condena pero ese es todo el tiempo que he estado en el paro. Para ser más exactos, sin un empleo remunerado que, a fin de cuentas, en lo de hacer tareas domésticas y formarme para obtener un empleo no he parado.

¿Y ahora qué? Como si no hubiera pasado tanto tiempo, he sabido adaptarme bien aunque aún me canso mucho: ya pasará. Hay buen ambiente y es un trabajo que conozco, ¿qué más puedo pedir? Que en vez de ser solo para tres meses que me hagan indefinida. No me han prometido nada pero nunca se sabe, lo importante era meter la cabeza en algún sitio, luego ya se verá.

Pero… (faltaba el pero, siempre está allí). Cuando no tienes trabajo terminas arrinconado: o porque te cohíbes o porque te cohíben. Y qué voy a decir: esperaba más celebración por parte de ciertas personas, algo así como “¡¡¡bien, por fin lo conseguiste!!!”, pero me parece que no. Ya no se acuerdan de lo que es estar sin trabajo, de pensárselo dos veces antes de comprar algo, de cansarse de mirar escaparates porque en la tienda no vas a entrar, de lo que es sentir que no tienes dignidad. Ya no se acuerdan.

Prefiero no entrar al análisis de esas reacciones, eso no va a cambiar las cosas, pero ese tipo de cosas me han cambiado a mí. Qué pena.

martes, 19 de marzo de 2024

El mundo es un pañuelo

Hace unos días me ocurrió algo curioso. Un amigo que toca el acordeón nos invitó a un concierto de jazz manouche en el que tocaban él y un amigo suyo que tocaba un tipo de guitarra que no había visto nunca. No tenía muy claro lo que íbamos a escuchar pero al menos no era reguetón. Aquello fue espectacular. Hora y media de pura música en un concierto al que se sumaron sobre la marcha otro guitarrista y una cantante con una voz que no dejaba indiferente.

Empecé a fijarme en la cara del guitarrista y en su apellido. No paraba de darle vueltas al asunto y me puse a buscarle en Internet a él y a su familia… No encontré nada.

Él era un hípster: lo supongo porque llevaba gafas de pasta y una barba muy espesa. Tocaba muy bien la guitarra, la verdad.

Hasta que acabó el concierto. En vez de acercarme a felicitar a mi amigo por su intervención, me acerco al guitarrista y le pregunto: «¿Tu padre no es profesor y tu hermana se llama Nuria? Porque si es así, que sepas que estuvimos en la misma clase en 1º de BUP y que yo estuve una vez en tu casa viendo un documental sobre cómo trasquilar ovejas».

Nos sacamos una foto juntos para enviársela a su hermana para ver si su hermana se acuerda de mí. No creo que Nuria me reconozca, pero fue divertido ver la cara que el músico puso cuando vio «lo que sabía de él». Estas son pequeñas sorpresas que ocurren a veces. El mundo es un pañuelo.