viernes, 24 de mayo de 2019

La Verde

Mi afición a callejear me ha regalado la oportunidad de conocer sitios con un encanto especial, y en Vallecas puedes encontrar muchos: uno de ellos es La Verde, la librería más antigua del barrio.

La Verde, es como esas librerías de antes, muy pequeñita. Por fuera está pintada de verde, de ahí su nombre, y por dentro es como si fuera una chimenea que tiene sus paredes forradas de libros y de lápices de colores.

Yolanda

Las primeras veces que entré en La Verde fue para llevarme Construye tu destino y David Copperfield. En otra ocasión Cereza guinda e Imagine. Hace poco El monstruo de los colores y El ratón Pérez para mi sobrinilla. Más recientemente La vuelta al mundo en 80 días. Me gusta mirar en sus estanterías y curiosear, siempre encuentro algún tesoro escondido de Benedetti, Mendoza o Dickens. También Galdós y Almudena Grandes. Y si no está el título que buscas, Yolanda lo encuentra.

"En reconocimiento a tantos años dedicados a fomentar la lectura en el barrio de Vallecas"... Y que sean muchos más

Yolanda es su actual dueña y ha sido depositaria de un homenaje que, recientemente, brindaron a La Verde otras librerías del barrio. Tuvo lugar en el Bulevar, allí estuvimos sus lectores, sobre todo mujeres, y también sus hijos. Yolanda tuvo un discurso muy reivindicativo (en un barrio como Vallecas es lo propio) y estaba hecha un manojo de nervios. No me extraña: no solemos ver reconocimientos a sitios que emanan magia y cultura a la vez.

Propongo un brindis: por Yolanda, por la Cultura, por La Verde.



jueves, 9 de mayo de 2019

Vacaciones forzosas


Vacaciones forzosas, es lo que tiene estar en el paro. Mañana iré a ver una película sobre Winston Churchill, el domingo al Prado, el lunes al Panteón de Hombres Ilustres, el martes no tengo ni idea…

Normalmente no me aburro, pero tantas posibilidades por las narices agobia un poco. Y agobia porque, al tener más tiempo para todo, también tengo más tiempo para darme cuenta que estoy en el paro.

Eso no es lo peor, sino la gente que opina más de la cuenta: “¿De verdad estás buscando? Pues sí, pero no encuentro nada. ¿Me vas a dar trabajo tú?”. La gente no está en el paro por diversión, por lo menos yo.

Vaya, acabo de ver que el Panteón está cerrado el lunes.

jueves, 18 de abril de 2019

Día nublado


Hoy ha llovido en toda España y Madrid no ha sido una excepción. No es que haya caído mucho aquí, pero ha estado todo el día nublado y, por primera vez en mucho tiempo, se me ha caído el alma a los pies, necesito la luz como el respirar. ¿Cómo harán en los sitios donde el clima es así por costumbre?

También es cierto que mi vida está nublada porque estoy sin trabajo, y el ya te llamaré de mucha gente se ha quedado en eso. La falta de trabajo desenmascara a mucha gente. Como aquel al que le envías un retrato que le han hecho y acusa el recibo con otra persona. Luego se sentirá ofendido si no respondo como le conviene…

Afortunadamente, no hay mal que cien años dure (ni cuerpo que lo resista). Mientras tanto, me voy haciendo más dura: no hay otra, estoy muy decepcionada.

martes, 2 de abril de 2019

Gratis


Aprovechando mi nuevo periodo de desempleo, que espero sea breve, voy a procurar ir a todo lo que sea gratis por ser desempleada. En esas condiciones fue que visité por primera vez el Museo Thyssen de Madrid, que tiene una magnífica colección de pintura. Recomiendo ir a verla.

Lo cierto es que aquella primera vez fui sola y mi papeleta de desempleo no era tan grande como las hacen ahora. No sé porqué, me acerqué al mostrador muy contenta (no sé porqué porque no tiene mucha gracia estar en el paro) y le dije a la señorita que estaba al otro lado “¡Hola, estoy en el paro! ¿Me da una entrada?”.

Aquella mujer me miró muy asustada, como si se le acercara un homeless a pedir una limosna. “Por favor, deme su papeleta de desempleo” me dijo, se la di y la cogió por una esquina con mucho asco, como si corriera el riesgo que mi condición se le fuera a pegar. Metió mis datos en el ordenador y me dio la entrada.

De aquello hace casi diez años y todavía me acuerdo. Espero por su bien que esa mujer no haya tenido los problemas de trabajo que he sufrido yo, y que haya mejorado laboralmente. Por fortuna, esa actitud distante hacia una persona que reclama su entrada gratis no se ve en todos los sitios. Incluso en algunos te dicen dónde poder echar el curriculum. ¿Alguien sabe de algún sitio?

lunes, 25 de marzo de 2019

Un puñado de cosas buenas


La mala costumbre que tengo de no escribir si una idea no me parece que dé para algo… Pero si junto un poquito de aquí y un poquito de allá…

Cada vez que salgo de casa, lo hago con mucha antelación para poder caminar un rato antes de ir al trabajo o a clase. El problema es que en la ruta entro en “La Verde” de Vallecas, y me pongo a hablar con Yolanda de los últimos libros, de los bolis de colores y de las cosas de la vida. Arreglamos el mundo durante un rato y luego me voy a caminar si me queda tiempo.

Hace unos días conocí allí a Séneca, un chaval que se dedica a cuidar a gente con movilidad reducida. Le gusta mucho leer libros de contenido espiritual, una persona mágica. Le eché un jarro de agua fría cuando le dije que a mí me gustaba estudiar la guerra. Se quedó a cuadros, no sé si porque no lo esperaba de una mujer, o si pensó que le estaba vacilando. Reaccionó rápido cuando una mujer habló regular de su hijo porque no le gustaba leer. Séneca le recomendó Momo con la idea de que sus líneas le empujaran al mundo de la lectura. Luego me pregunté si la madre del hijo al que no le gustaba leer sería capaz de leerlo.

Volviendo a lo de caminar. Cada vez estoy más cerca de caminar 3 km diarios. Me da el aire y el sol. No me lo creo ni yo, pero los kilos van de baja y con un poco de suerte estaré visible para la operación primavera, aunque sea la del año que viene. No, antes, ya noto como voy más ligera, y eso que llevo la mochila cargada de galletas.

Lo que tiene vivir en Madrid, a pesar de ser una ciudad casposa y retrasada como dijo un marqués que no pudo llegar a duque… El premio a la caminata puede ser muy bien descansar los pies delante de un magnífico cuadro en El Prado, y después ir con un amigo a comentar la visita delante de un café y una rosquilla. A mí se me da muy mal escribir sobre arte, porque me da por decir lo que opino y luego resulta que la obra no dice eso.

Callejear por el Madrid de los Austrias y ver los edificios antiguos, tomarse una birra y una tapa para refrescarse después de haber perseguido a un caballero al que alcanzaste a coger la capa…

El viernes he perdido mi empleo después de decir el día anterior que tenía que ir al médico un día de estos. ¿Casualidad? Ya da igual. Pero tengo planes y la intención de seguir haciendo por conseguir agrandar mi puñado de cosas buenas. Esta tarde voy a cuidar a mi sobrinilla o, mejor dicho, ella me va a cuidar a mí. :)

lunes, 31 de diciembre de 2018

Gracias


Hoy es el último día de 2018, y quiero aprovechar para dedicar unas palabras a una persona que encontró respuestas para algo que me atormentaba desde hace mucho tiempo: se trata del Dr. Fernando Pulgar Martín, dermatólogo.

Desde los 30 años llevo padeciendo una dolencia en la piel que, dicho en pocas palabras, es un enrojecimiento que pica mucho. Solo me aparece en verano, pero es tan molesto, que parece que dura todo el año.

Pues bien, por una de tantas vueltas que da la vida, fui a parar a la consulta del Dr. Pulgar. Hasta ese momento me habían atendido muchos especialistas, pero en ninguno vi el interés y la dedicación recibidos. Lo cierto es que el Dr. Pulgar es una persona muy joven, pero es tanto lo que sabe que no puedo evitar especular con todo el tiempo que ha debido pasar estudiando para dar solución a sus pacientes, en vez de irse a fiestas o discotecas: por fin la psoriasis no va a j**** más.

En fin, para terminar, sólo espero que el 2019 depare al Dr. Pulgar Martín el mayor de los éxitos y el reconocimiento que se merece. Muchas gracias.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Ya es diciembre


En un rato me tomaré un té con limón y luego saldré a comprarme algo de ropa. No puedo salir aún porque tengo que hacer cosas en casa.

Tengo metido en la cabeza el pumpapachún de unos vecinos, y no me deja centrarme. Igual cambiaba mi planificación si supiera que a la vuelta estaba el patio en silencio, pero me temo que no va a ser así, y yo no puedo pasar todo el día fuera de casa. Hoy es sábado y se puede meter ruido hasta las dos de la madrugada.

Seguro que en la cervecería de al lado hay más silencio. Y mejor música, aunque cualquier música es mejor que esa mierda que suena. Pensar que genera millones es insultante. ¿Dónde está la música de verdad? En la Luna, seguro.

Ya es diciembre y los villancicos me horrorizan, pero empiezo a echarlos de menos. No tienen ese bum, bum, bum que se clava en el cerebro y te lo tritura. Yo no sé quién inventó ese engendro de ruido, pero me voy a acordar de su padre mientras suene.