A mí no me gusta la Navidad. Yo vengo de una familia rota, hoy se diría desestructurada: mis padres divorciados, mis hermanos mayores divorciados, mi ex-madrastra metiendo cizaña, el segundo marido de mi hermana no se habla con la primera mujer de mi hermano mayor... Recuerdo que en el bautizo de uno de mis sobrinos nadie quiso sentarse con mi padre por no sentarse con mi madrastra (perdón ex-madrastra, fue tan rápido...); eso sí, el vino estaba exquisito, y mi sobrino casi quema la sotana del cura con una vela (el cura estaba dentro de la sotana y encima le hizo gracia la trastada del crío). Ahora mismo llevamos cosa de dos semanas o más viendo quién cena con quién en Nochebuena: que yo no voy a casa de mi hermano porque va la cuñada de su mujer, que sí que voy a tu casa porque tu hermana se va con la familia de su marido pero viene tu sobrina... Supongo que habrá tres cuartos de lo mismo en Nochevieja; ese día me tomaré las uvas no sé con quién porque yo me iré a dormir pronto, pues a mí lo que me gusta es el concierto del día siguiente, ese que transmiten desde Viena, y si me paso la noche por ahí al día siguiente no hay quien me levante para oir el concierto.
Bueno, hace un rato me puse a revisar videos antiguos, hace unos días me quejaba de haber perdido uno y todavía no me creo que lo haya encontrado.
Éste que habéis visto aquí es al que más voy a echar de menos éstos días, el único que para mí no sobraba, ni aunque tuviera que compartir mi cena con él (las uvas no, ahí sí que tenía las suyas y yo las mías). Mi perrito, mi compañero del alma, Trasgo.





