domingo, 9 de agosto de 2026

Desconectar

'Te invito unos días a mi casa' me dice alguien a quien no veo hace dos años. Ahora vive en el extranjero en un sitio que no conozco. Y, la verdad, es que me hacía falta desconectar. Antes de darme cuenta, los ocho días previstos se convierten en cinco, que en realidad son cuatro porque el último sales antes para no llegar tarde al aeropuerto. Le dije que no me compensaba ir para tan poco tiempo, me cuestan lo mismo cinco días que ocho.

Hoy me ha enviado un WhatsApp para decirme que está de vacaciones a más de 2.000 km. ¿Qué falta hacía? Luego se preguntará si me pasa algo si no le contesto... Todo el mundo de vacaciones, qué bien.

Ese tenía que ser mi avión... Foto obtenida de la web.

martes, 28 de julio de 2026

Cambio climático


Incendio de Almorox. Fotografía tomada de el diario El País

Parece que hay gente que no se da cuenta pero hace un calor espantoso. ¿Es por el cambio climático? Es posible. En mi vida el calor me había sentado tan mal: me he pasado el mes de junio y de julio viendo el gotelé del techo y comprando hielo. He preferido parar y no hacer nada que intentar hacer algo y reventar por el calor.

Pero hay días que refresca, al menos antes. De niños, cuando hacía calor después venía un chaparrón que servía para refrescar y aprovechábamos para hacer un campeonato de comedores de pipas. Ahora no suele haber chaparrones, y si los hay, la gente busca la última aplicación para jugar en el móvil. Y lo de las pipas ya parece de otro planeta.

En verano, mi madre y yo vamos muchas veces a la biblioteca para leer y aprovechar el aire acondicionado gratis (en invierno calefacción), y si es sábado o domingo cogemos el circular y nos bajamos en la última: el aire acondicionado nos hace sentirnos mejor, pero la conciencia nos recuerda que también contribuye al cambio climático, y es este cambio el que está llevando progresivamente a la desertificación de muchas zonas arboladas aunque no falta quien se empeña en decir que ese cambio no existe. ¿Por qué?

Una cosa más. Al momento de escribir estas líneas, en la provincia de Castellón hay un incendio desde hace cuatro días; Ávila, Toledo y Madrid están afectadas por unos espantosos incendios que ya han perjudicado 77.000 hectáreas y provocado el confinamiento o evacuación de más de 90.000 personas. No incluyo datos sobre las casas y negocios calcinados, ni las vidas que se han perdido porque no encuentro datos suficientemente claros pero sí sé que también se están rescatando animales domésticos, y los que hay en refugios encuentran asilo en otros sitios. Está claro que el trabajo de los bomberos no está pagado, lo estaría si hubiera inversión. Sois unos héroes.

Una cosa más no, dos. Gracias a todos los profesionales que han venido del extranjero para ayudar, muy especialmente a los portugueses. Nunca nos fallan. Muito obrigado.


Parque Natural del Valle de Iruelas, Ávila. Fotografía tomada de el diario El Mundo

sábado, 6 de junio de 2026

Decepción

Mi madre me contaba muchas veces que la gente que no se casa se queda anclada en la infancia y no evoluciona. He pasado mucho tiempo preocupada porque no se notase que me quedaba atrás y un día me doy cuenta que no hace falta quedarse soltero/soltera para que eso ocurra.

Aparte de que no es justo pensar eso te encuentras con que mucha gente, en mi caso sobre todo mujeres, creen que me tienen que estar diciendo lo que tengo que hacer como si el hecho de no tener un marido o hijos me hace tener menos cerebro.

También está que haber llevado vidas tan diferentes con otras personas no ayuda a la comprensión mutua. Yo no entiendo que ellas enfoquen sus asuntos personales como lo hacen pero ellas tampoco me entienden a mí. Que no pido que me den la razón, eso es muy difícil si no me entienden, pero que hagan por entenderme.

¿Que el problema lo tengo yo? Claro, por eso me quejo pero haz por ponerte en mis zapatos, solo pido eso. Pero cuando te pones los zapatos de otra persona te encuentras que no suelen ser cómodos, están hechos a unos pies deferentes a los tuyos y decides no comerte el tarro. Bueno entre la cabeza y los pies tampoco hay mucha diferencia…

Ya no entro en que parece que unos tienen derecho a lo bueno y otros no, pero yo no estoy dispuesta a tragar con eso, con lo que llego a una gran decepción.

domingo, 15 de febrero de 2026

Estúpid@s

Solo me conoce de un rato antes y ya está soltando pullas, eso que no ha tenido tiempo de conocerme. Ya he pasado por esto y no es nada divertido, pero no falta gente que te dice “para qué te vas a pelear”. ¿¿¿Qué???

No es la primera vez que me ocurre y, en aquella ocasión, no supe defenderme. ¿Qué pretende una persona que actúa así? Nunca lo he entendido, parece que estamos en el cole. Pero si he aprendido algo es que no tengo que aguantar: todo tiene un límite.

Son estas las cosas que hacen cogerle el gusto a estar solo, es lo que tiene toparse con estúpid@s.

lunes, 8 de diciembre de 2025

Para lo que quieras

A veces, cuando alguien está en una situación difícil, llueve la gente que dice «oye, para lo que quieras». Curiosa expresión: habría que estudiar sus múltiples matices…

Hay días que no quiero salir de casa porque me molestan las masas de gente, hay días que no me apetece nada, y para eso mejor estar sol@. Me ha costado darme cuenta de que no debía esperar tanto de determinadas personas, las que hacen que no aprecies como se merecen las verdaderas amistades.

«A ver si quedamos para un café» … Si de verdad hubiera quedado con todos esos que me lo han dicho estaría atacadísima por la cafeína pero siento que me han hecho perder el tiempo, ¡y de qué manera!

Al final duelen más las heridas del alma que las otras.

lunes, 5 de mayo de 2025

A media luz

El día del apagón me levanté tardísimo por el dolor del brazo y entonces empezó a dolerme también la cabeza: no iba Internet ni había electricidad, así que no había tele, la caldera no iba y la nevera estaba apagada. Pues eso, era un apagón. Era 28 de abril de 2025 pero parecía que habíamos vuelto a tiempos de los romanos.

De momento, volé al bazar de mi barrio y conseguí una linterna de esas que son como pequeñas farolas que se ponen en los libros y que llevan pilas incluidas. Y para enterarme de lo que pasaba me informaba una vecina: me contó que fue en casi toda España, pero también fue en Portugal y también en Francia. Luego se dijo que también en parte del resto de Europa… Pero ¿cómo podía saberlo? La radio, nuestra vieja amiga la radio. Tenía coche y cada poco iba a enterarse de lo que podía y nos contaba lo que pasaba.

Yo no sé ni dónde tenía mi transistor y tampoco se trataba de que me volviera loca buscándolo (tengo un radio cassette pero hace falta enchufarlo…). Ya me compraré uno en cuanto se pase la vorágine. Y una buena linterna, claro. Eso de estar a media luz como en el tango no me va: ni vivo en la calle Corrientes, ni tengo ascensor, y en una casa tan pequeña no es posible un cóctel de amor.

El problema no tardó en arreglarse para la gravedad que tuvo el asunto (en mi caso fueron 12 horas), a pesar de lo cual no falta quien pone palos en las ruedas.


viernes, 6 de septiembre de 2024

Un encuentro afortunado

Andaba yo encerrada en mis pensamientos, digo encerrada porque nadie me hubiera sacado de allí si lo hubiese intentado. Estaba preocupada por cosas que igual en el futuro me hacen gracia pero ahora no. Y de pronto una cara sonriente me pregunta: «¿Te acuerdas de mí?». ¡Claro que me acordaba de ella! Intercambiamos recuerdos de forma rápida porque a las dos nos esperaban. Nunca un mal gesto, siempre serena, siempre me dio buenos consejos. Prudencia de la que deberían aprender muchos… Me siento mejor, ya no me encuentro tan sola. ¿Tienes tiempo de tomarte un café?

domingo, 12 de mayo de 2024

Tres años y cuatro meses después

Tres años y cuatro meses después. Suena a condena pero ese es todo el tiempo que he estado en el paro. Para ser más exactos, sin un empleo remunerado que, a fin de cuentas, en lo de hacer tareas domésticas y formarme para obtener un empleo no he parado.

¿Y ahora qué? Como si no hubiera pasado tanto tiempo, he sabido adaptarme bien aunque aún me canso mucho: ya pasará. Hay buen ambiente y es un trabajo que conozco, ¿qué más puedo pedir? Que en vez de ser solo para tres meses que me hagan indefinida. No me han prometido nada pero nunca se sabe, lo importante era meter la cabeza en algún sitio, luego ya se verá.

Pero… (faltaba el pero, siempre está allí). Cuando no tienes trabajo terminas arrinconado: o porque te cohíbes o porque te cohíben. Y qué voy a decir: esperaba más celebración por parte de ciertas personas, algo así como “¡¡¡bien, por fin lo conseguiste!!!”, pero me parece que no. Ya no se acuerdan de lo que es estar sin trabajo, de pensárselo dos veces antes de comprar algo, de cansarse de mirar escaparates porque en la tienda no vas a entrar, de lo que es sentir que no tienes dignidad. Ya no se acuerdan.

Prefiero no entrar al análisis de esas reacciones, eso no va a cambiar las cosas, pero ese tipo de cosas me han cambiado a mí. Qué pena.

martes, 19 de marzo de 2024

El mundo es un pañuelo

Hace unos días me ocurrió algo curioso. Un amigo que toca el acordeón nos invitó a un concierto de jazz manouche en el que tocaban él y un amigo suyo que tocaba un tipo de guitarra que no había visto nunca. No tenía muy claro lo que íbamos a escuchar pero al menos no era reguetón. Aquello fue espectacular. Hora y media de pura música en un concierto al que se sumaron sobre la marcha otro guitarrista y una cantante con una voz que no dejaba indiferente.

Empecé a fijarme en la cara del guitarrista y en su apellido. No paraba de darle vueltas al asunto y me puse a buscarle en Internet a él y a su familia… No encontré nada.

Él era un hípster: lo supongo porque llevaba gafas de pasta y una barba muy espesa. Tocaba muy bien la guitarra, la verdad.

Hasta que acabó el concierto. En vez de acercarme a felicitar a mi amigo por su intervención, me acerco al guitarrista y le pregunto: «¿Tu padre no es profesor y tu hermana se llama Nuria? Porque si es así, que sepas que estuvimos en la misma clase en 1º de BUP y que yo estuve una vez en tu casa viendo un documental sobre cómo trasquilar ovejas».

Nos sacamos una foto juntos para enviársela a su hermana para ver si su hermana se acuerda de mí. No creo que Nuria me reconozca, pero fue divertido ver la cara que el músico puso cuando vio «lo que sabía de él». Estas son pequeñas sorpresas que ocurren a veces. El mundo es un pañuelo.

miércoles, 10 de enero de 2024

Te lo dije

Conozco gente que se empeña en tratar con gente que les hace sentirse mal. Da igual que se la jueguen una y otra vez: seguirán tratando con esas personas y, encima, los justificarán. No sé cómo llamar a eso pero es desesperante: intentas aconsejar a alguien a quien están haciendo daño porque ves su situación desde fuera y por eso te das cuenta de lo que pasa. No entiendes cómo se puede ser tan idiota para dejar que te pisoteen. Entonces te acuerdas de que a ti te pasó lo mismo muchas veces y era inútil que te dijeran «esa persona no te conviene»: solo aprendías la lección cuando te llevabas una decepción, y a veces eso tenía que ocurrir varias veces.

Hace poco le decía a alguien «si vas con esa persona puede volver a hacerte daño, no es que tenga una bola de cristal, lo sé por experiencia». Y te dan la razón, pero la burra siempre vuelve al trigo. O a lo mejor soy yo, que empiezo a parecerme a una persona mayor (ya tengo suficientes años para ello) de esas que cuentan batallitas. Quizás no entiendo que a veces es más productivo aliarte con alguien que es capaz de vender a su madre con tal de tener una victoria, aunque sea pírrica. No lo entiendo. Y seguirá ocurriendo, y yo diré «te lo dije», igual que me lo dijeron a mí. Por cierto, Feliz 2024.

sábado, 11 de noviembre de 2023

Hace seis años

La llamé como siempre que era su cumple. "Estoy en clase, hablamos luego" me dijo. Todavía estoy esperando. Más tarde supe que "se olvidó" de mí y que el pastel y el café se lo tomó con otras personas. El pastel y el café me lo podía pagar yo pero aquello me sentó mal. De eso hace seis años justos y era sábado, como hoy.

No pasó mucho tiempo sin que supiera que me estaba haciendo un favor, como todas aquellas personas que se comportan así. Cuesta aceptar que alguien sepa utilizarte aunque carezcas de encantos sociales, pero descargar la mochila de ese peso me ayudó a reconocer mi propio valor a pesar de no tener la misma suerte que otros.

Salí ganando al perderla de vista: hay mejor gente que ella, el mundo está lleno de esas personas.

jueves, 24 de agosto de 2023

Necesito un trabajo

Necesito un trabajo, y eso de que todo el mundo lo consiga menos yo, no ayuda. Y tengo miedo de contarlo porque la respuesta no siempre es amable. Cómo se nota que la gente se crece cuando se olvidan los problemas. No se trata solo de ganar dinero sino de sentirse útil por ganarlo. Y mientras tanto veo pasar la vida, la vida de otros, delante de mí: cómo hacen planes porque pueden hacerlos. Yo también podría pero no se tiene eco si no se tienen ingresos.

Al menos mis sobrinos se acordaron de mí. Venían de hacer el Camino de Santiago y me llamaron para encontrarse conmigo en Madrid. Me traían un regalo que yo agradezco infinitamente: alguien se acordó de mí, por verdadero cariño, no por aprovechar las relaciones sociales o por interés alguno.

jueves, 10 de agosto de 2023

Y de repente, el mundo se paró

He pasado dos días limpiando y ordenando sin parar. No puedo decir que el orden esté entre mis virtudes. Me ocupé especialmente del caos que tenía en el rincón de la salita.

Debajo de todo encontré unos cuadernos que me regaló mi sobrina la mayor. Uno de ellos tiene escrito en la portada "lograré todo lo que me proponga". Este cuadernillo (no es muy grueso, parece un panfleto) lo utilizaba para escribir un diario de forma telegráfica. La última anotación la hice el 10 de enero de 2020: hablaba de una reducción de jornada y de los incendios de Australia. Después dejé de escribir, sin más.

Estaba demasiado pendiente de un trabajo del que no llegaron a llamarme, y también de citas médicas que de tan tarde que me las dieron las cancelaron por lo que ocurrió después. Porque se declaró una pandemia, porque el mundo se paró de repente.

miércoles, 12 de julio de 2023

Qué pena de confianza

Hace tiempo descubrí que, de todas las cosas que te pueden doler, la que peor llevo es haber perdido la confianza en alguien. ¿Cómo te puede hacer ilusión volver a tratar con alguien que te ha “prometido” tantas cosas y luego no ha cumplido ninguna? Llega un momento en que te harta.

Estaba recordando que, en los años de Universidad, tenía una “amiga” que se pasaba la vida diciendo “quedamos el finde y te enseño a esquiar”. Si para entonces no había llamado, alguna vez llamaba yo, ¿por qué no? Pero siempre me atendía la llamada su madre que me decía “Paloma se fue ayer a esquiar, regresa el domingo”. Una vez me dijo de quedar cuando yo ya había quedado y va y me dice “ay, ¿y por qué no cambias el plan? De verdad que quedamos”. Me lo tragué y me dejó colgada, cumpliendo la tradición.

Creí que cuando fuera una persona madura eso ya no me ocurriría y que nadie me tomaría el pelo. ¡Ja! Los hay que tienen un arte… “Oye, qué te pasa. ¿He dicho algo malo?”. Mi madre dice que un día voy a tener un problema si contesto como contesto cada vez que alguien me la juega. Me da rabia, esas son las personas que hacen que no haga caso a la gente que de verdad merece la pena. Soy imbécil.

martes, 20 de diciembre de 2022

Como un globo que se desinfla después de pincharse

Mi padre me decía que cuando entras a una iglesia tienes que pedir tres deseos: salud, dinero y amor. Se ve que voy muy poco porque la salud regular, no tengo trabajo y del amor mejor no hablar.

En abril de 2020 tenía cita con un traumatólogo para la revisión de unas antiguas fracturas en el brazo izquierdo: por motivos obvios se cancelaron, pero ahora no hay forma de recuperarlas con el caos que hay en la Sanidad Pública. Mi hermano me decía ayer que si voy al hospital con un hacha en la cabeza como le pasó a Trotski que igual consigo algo… Einsss, que no fue un hacha, fue un piolet. Para el caso da igual, lo dejaron aviado. Desde aquí mando mi apoyo a todos esos médicos de la Atención Primaria que no reciben el trato que se merecen.

Antes que se declarase la pandemia terminé un trabajo por fin de obra o yo qué sé. Me contaron que en cuanto llegara el aviso de que se reanudaba algo que de momento se paraba que nos llamaban otra vez. Seis semanas antes habíamos entrado un puñado de nuevos y éramos una especie de “Dream Team” de la oficina. Pues la cosa se redujo al “dream” del pelota del grupo: ese puñado de personas nos ayudábamos entre nosotros, nos contábamos los consejos de los compañeros veteranos y nos animábamos después de las broncas de los jefes. Todos menos uno: el pelota tenía el arte de sonsacarte toooodo, pero él no soltaba prenda. Ahí te lo comas con patatas.

Y que voy a decir del amor. No es que me haya fijado en algún momento en alguien como pareja, no. Se trata de que más de una persona me ha decepcionado en los momentos malos, y me horroriza pensar que yo también haya defraudado a mucha gente, para qué voy a mentir: volverse como los demás es un mecanismo de defensa. La tradición marca que cuando tienes problemas la gente te da la espalda: eso me da igual porque, al menos, los pierdes de vista y dejan de dar por c***. Pero si hay algo que duele, quizás porque se sale de lo inclasificable, es que me han fallado en los momentos buenos, cuando he podido contar algo que estaba bien no se han alegrado o no me han dado el momento de poder contarlo. ¿Acaso debo tener problemas para que te sientas bien?

Siento que una vez inflé un globo que ahora se ha pinchado y el aire se ha ido poco a poco hasta quedar algo sin cuerpo. Lo más injusto de una situación así es que me empuja a valorar de forma insuficiente las cosas buenas que he tenido. Y de la gente que ha estado ahí…, pocas pero de calidad. Debería estar más con esas personas, y no con el globo que se ha pinchado. Os quiero, y ya puestos, Feliz 2023 y todo lo que venga detrás.

sábado, 30 de julio de 2022

Ten cuidado con lo que pones

“Ten cuidado con lo que pones, a ver si lo van a leer”, me dice mi madre. “De eso se trata, mamá”, aunque no creo que las personas a las que me refiero lo lean, sencillamente porque no leen.

Ahora mismo ha llamado la señora a la que me refiero en el post anterior, para hablar dice. Creo que no tiene a nadie más que a mi madre para hablar porque esta señora no para, sino no se explica. Yo no he cogido el teléfono, pero me doy cuenta de que es ella porque a mi madre no le deja meter baza. ¿Se puede ser más egoísta? Ya colgó.

Este tipo de gente es la que, cuando les llamas tú, no tienen tiempo si no es para sacarte algo. Es como que se dan un tiempo para algo mientras tú te haces la ilusión de que les has caído bien y tienen interés en ti. En tus cosas diría yo: tus amigos, tu trabajo o tu lo que sea. Ahora mismo estoy pensando “a ver si mamá tiene razón y me leen”. Me cohíbo, no me atrevo a decir lo que pienso.

Estas personas son de ese tipo de ¿gente? que si no es el centro de atención de todo desbarata lo que sea, caiga quien caiga, les da igual, aunque echen a perder el mejor plan del mundo. Y lo hacen de una manera muy sibilina, como una serpiente que se arrastra y se te enrolla y te estrangula hasta que dejas de ser el centro de tu propio universo y pasas a ser el centro de una nada.

Ojalá consiguiera pasar de esa gente: a lo mejor hasta me atrevería a decir lo que pienso. Ya no veo las noticias, con lo mío tengo suficiente. Gracias a ti que me escuchas.

domingo, 10 de julio de 2022

Sentando cátedra

Yo creo que a mi madre le da miedo que conteste al ring del teléfono, y es porque tengo muy buena edad de no quedarme callada. Sabe que no me gustan algunas opiniones y que ya no disimulo si algo no va conmigo.

Sin ir más lejos, ayer llamó una mujer que más que hablar llama para monologar. Habla, habla y habla y en el milimétrico momento en que para haciéndole creer a mi madre que le importa su opinión en realidad lo que hace es tomar aire para seguir hablando antes de que mi madre tenga tiempo de decir amén. Maldita egoísta.

Por las respuestas que daba mi madre me daba más cuenta de lo que hubiera querido de cómo opinaba esa mujer: me niego a reproducir nada porque no me alcanza la educación para decirlo sin que suene mal. ¿Qué se puede esperar de alguien que dice “todos son iguales” por no reconocer los méritos de los que no piensan como ella? No sé si seré capaz de reprimir mi opinión la próxima vez que esa mujer llame para sentar cátedra.

miércoles, 29 de junio de 2022

Miraste hacia otro lado

Un día tuve un problema y se lo conté a alguien. ¿A quién? Anda, si se ha ido. Da igual. Anda, otro que se va. Y un día te lo conté a ti: tú también miraste hacia otro lado, en realidad me decías que me podías ayudar pero que no te daba la gana echarme un cable. ¿Te sientes más fuerte así?

Pero un día necesitaste un favor y te acordaste de mí. ¡No entendiste porqué te dije que no! Que si me enfado, que si me he hecho abanderada del feminismo… ¿Te molesta? ¿De verdad que no entiendes por qué no quise ayudarte? Un poco cortito sí que eres.

No lo esperaba de ti, miraste hacia otro lado.

miércoles, 8 de diciembre de 2021

Llega la Navidad

Quedan dieciséis días para la Nochebuena, pero juraría que he visto cosas de Navidad desde octubre. Si solo fuera eso…

Hubo un tiempo en que aún era septiembre y no faltaba alguien que ya empezaba a organizar las reuniones de Navidad. En realidad, lo de organizar es decir algo muy suave. No se trataba de una abuelita que preguntaba quién quería ir a su casa en Nochebuena, era un sargento que decía “todos en mi casa del 24 de diciembre al 1 de enero”. Y pobre del que lo discutiera. “Es que mi madre se enfada”.

Ya no sé cuándo fue la última Navidad “normal” y no lo digo por la pandemia (¿quién podría imaginarlo?). La última Nochebuena antes del confinamiento nos reunimos cuatro personas en mi casa, era la primera vez que hacía la cena en una noche tan señalada. Cuando estábamos a la mitad de la comida me envían un WhatsApp diciendo que mi padre había muerto. A la gente le dio corte seguir comiendo (normal) y sobró casi toda la cena. He de decir que también fue la última vez que hice la cena en semejante ocasión.

Si aquella noche, las circunstancias no nos dejaron estar juntos a los que queríamos estarlo, durante la pandemia esas reuniones fueron más difíciles. Pero el que no se consuela es porque no quiere: sirvió para no ver a la gente con la que no me tomaría un café caliente ni en verano.

Lo malo es que la pandemia tampoco ha puesto las cosas fáciles para reunirme con amigos. ¿Tres veces quizás en todo ese tiempo? Con mi hermano pequeño estuve más veces pero a qué precio: lo que hubiéramos dado porque mamá no estuviera un mes en el hospital. Y cuando por fin parece que mamá y yo podemos ir a algún sitio, siempre se fastidia algo, generalmente alguna ola que sigue su curso porque no hay forma de que la gente no sé de cuenta que no vivimos una broma: coronafiestas, no me da la gana de llevar la mascarilla, no quiero vacunarme...

Necesito ver algo más que la puerta de mi casa pero estamos ya en una sexta ola, y mamá está como si no se hubiera vacunado porque está en el punto más bajo de inmunidad después de haber pasado ya el sexto ciclo de la quimio. Es mi heroína: apenas ha salido a la calle desde que empezó toda esta mierda, y casi no se ha quejado de ello (algo sí, es humana).

Y la Navidad, que debería ser una época de conciliación al final solo resulta época de peleas.

A propósito, hoy se cumplen 41 años de que John Lennon fuera asesinado. Recuerdo, como si fuera ayer, que un imbécil me informó de la tragedia como si fuera algo muy divertido, era un individuo con un humor bastante estúpido. Pero yo creí que era una broma, ¿cómo se va a morir un Beatle? Entonces mi madre llegó a casa y me pidió que le acompañara al Simago que había cerca. Cuando ya dejábamos la tienda me dice de pronto “por cierto, ¿sabes qué…?”. No le dejé terminar, “entonces es verdad, contesté”. Se me hizo un nudo en la garganta, todavía se me hace. I love you, John.

lunes, 1 de noviembre de 2021

Un año y diez meses

Ya no quedan ni tres semanas para el examen que tenía que haber hecho en marzo de 2020. Lo anunciaron con tres meses de retraso sobre el tiempo previsto y, de pronto, a la m*****: se cancela el examen por la dichosa pandemia.

Ya sé lo que puede pensar mucha gente, “mejor, más tiempo para estudiar”, y por una parte sí. Por otra, yo estudio mejor sabiendo con antelación la fecha: así calculo mejor lo que debo estudiar por día. El problema surge cuando no sabes cuánta es la antelación.

Con esta prueba la preparación ha sido como un acordeón: previsto para enero (estudio a la carrera), previsto para marzo (me relajo un poco), salió la fecha para marzo (otra vez corriendo) y, de pronto, cancelado hasta nuevo aviso (parón indefinido).

Un año y diez meses de más para estudiar. A ver, que de más es un decir, pero cuando no sabes la fecha y no sabes cuándo se acaba el malestar la fecha la sientes cada vez más lejos, como si te movieran el horizonte cada vez que sales al campo.

Y un día de ya no me acuerdo cuándo sale otra vez la fecha… pero no sale dónde. Parece una broma. Supongo que estarán buscando algún sitio para hacer el examen con seguridad. Supongo no, espero. Si llego a la sala del examen y veo que nos ponen a todos aborregados soy capaz de largarme. Tengo miedo, no sé qué va a pasar.