martes, 17 de junio de 2014

Me siento mayor

Esta semana cumplo tantos años que prefiero no pensarlo demasiado...


Es cierto que digo mi edad y aún hay gente que no se lo cree, pero si alguien se lo cree termino preguntándome qué es peor: que no me crean y no me hagan caso por parecer demasiado joven, o que se lo crean y su reacción sea la de decir “qué haces aquí con los años que tienes”.

Ya sé que más de uno o una pensará “lo malo sería no cumplirlos”: es verdad, pero tampoco tardará mucho en cumplirse un año que estoy sin trabajo, y eso no me hace tener ganas de demasiadas celebraciones.


Al mismo tiempo, intento hacer cosas, más que nada para tener la cabeza ocupada, y no falta gente que eso lo considera una pérdida de tiempo. Esos me miran como si me hubiera caído de un árbol porque es verdad que hay que tener moral para hacer esas cosas a cambio de nada.


Esto hace que sienta que no encajo en ninguna parte, pero no sé porqué me preocupo, “esos” tampoco son una maravilla.

Supongo que todas estas lamentaciones serán cosas de la edad. Bueno, ahora llegaré a casa, me quitaré las gafas y me miraré al espejo: comenzaré a contarme las canas, a estirar la piel por donde hay arrugas y… mamá, esconde ese potingue mágico que me dijiste que tenías. Qué le voy a hacer, me siento mayor.


lunes, 12 de mayo de 2014

Cosas que no cambian

Dentro de 14 horas o así, tengo un examen. ¿Y qué estoy haciendo yo? Mirar en un libro de astrología por si las estrellas me quieren indicar el camino.

Los doce signos del Zodíaco.

Y es que a estas alturas ya no sé dónde mirar, porque estoy con ganas de que pase todo.

Constelación de Géminis.

Como buena Géminis que soy, no debería tener ningún problema para enfrentarme a la prueba; se supone que soy un espadachín mental y mi verbo es lacerante pero...

Espadachines.

...a la hora de la verdad, es como que las neuronas se me convierten en granito puro y duro, de ese que la erosión no deshace ni a tiros.

Granito.

Hay cosas que no cambian: el miedo a los exámenes es algo que siempre estará ahí y que creo que no lo voy a superar en la vida. Y peor que el miedo a los exámenes, el pavor a saber la nota. Me dan ganas de salir corriendo.

Miedo, miedo y miedo.

lunes, 28 de abril de 2014

Cuando menos me lo espere

Hace un par de semanas, me localizó por el Facebook una amiga a la que no veo desde hace 26 años. Aún no nos hemos visto personalmente desde que hemos retomado el contacto, y es que nuestras respectivas ocupaciones complican un poco las cosas; eso sí, hemos intercambiado impresiones por e-mail y por teléfono.

Mientras le daba vueltas a cómo podríamos hacer para encontrarnos sin tener que esperar a que yo termine mi curso, también le he dado vueltas a mi vida y he desenterrado un montón de recuerdos, he comparado mi vida con la de otras personas y no he podido evitar preguntarme si me he conducido bien en la vida.

Por un lado, mi vida no es lo que me hubiera gustado, quizás porque apenas he cumplido mis sueños. Pero, al mismo tiempo, he tenido momentos muy buenos, únicos, que de vez en cuando me recuerdan que, a pesar de las circunstancias y de que no veo esperanza en el horizonte, quizás llegue mi momento cuando menos me lo espere.

Quería tomar prestadas unas palabras de Mario Benedetti que dicen así: “No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda y calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños. Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento”. Lo mejor es que es verdad.

lunes, 7 de abril de 2014

No es poesía

Qué tristeza cuando las apariencias son sólo las apariencias y el desprecio va parejo al sinsentido.

No se pueden hacer las cosas mal, ni decirlas con vileza, la vida se cobra las afrentas, pero tampoco puede un@ estar cuestionando continuamente lo que hace, esa no es la solución.

Estoy cansada, la vida es injusta, pero todo llega, hasta lo bueno, y ese día me voy a pensar si conozco a alguien, no lo puedo evitar…

He tenido que luchar para que estas líneas no me salieran en verso, sino esto sería infumable. ¿Por qué la poesía fluye tan bien con la pena?

miércoles, 5 de marzo de 2014

Un curso

Ayer lunes empecé un curso nuevo; no es uno cualquiera, sino que es el curso más útil que me han dado en casi diez años. Es de Asistencia a la Edición, y me cuenten lo que me cuenten estoy segura que me gustará porque todo es prácticamente nuevo para mí. Corregiremos textos, aprenderemos a crear folletos, asuntos comerciales, programas de diseño…

Dos días antes decidí cortarme el pelo como un paso más para alcanzar una nueva etapa a la que espero llegar al término de este curso. Era algo que llevaba rumiando unos tres meses, pero me apunté como figurante a una película de Santiago Segura y en las fotos que me hicieron en el casting salía con el pelo largo, en plan macarra, y así me tenía que quedar, al menos mientras estuvieran haciendo la película. Pero han pasado varios meses y, no sólo no me han llamado, sino que he visto que han llamado a Jesulín y a su mujer para aparecer en el largometraje. Cierto es, que Santiago Segura pone rostros populares en sus películas con el fin de atraer al público, pero me ha sentado mal ver, una vez más, que si no eres amiguete de alguien que no te comes una mierda.

Hoy, durante el descanso, tuve ocasión de hablar con varias compañeras (todos somos mujeres menos un chico joven); una de ellas había estado trabajando dieciocho años en una emisora de televisión y se fue a la calle después de un ERE. Ayer vi en la portada de una revista que María José Campanario ha hecho su debut en televisión. ¿Cuál es su mérito? No sé si mi compañera de curso, a la que echaron por el ERE, estará al corriente de esto, pero su caso es, también una vez más, la muestra de que cualquier esfuerzo por formarse para ser un profesional como es debido, en cualquier sector, es algo cada vez más carente de sentido por la falta de sustancia cerebral que se pide ahora para muchos trabajos.

jueves, 13 de febrero de 2014

Una buena conversación

El sábado no me apetecía nada salir y me llamó Sarah para ir a un concierto de los Hobbies; pero entonces parecía que era ella a la que no le apetecía. Le convencí para no quedarnos en casa como dos idiotas y le dije que nos quedábamos sólo dos horas y luego nos íbamos. Además, al día siguiente (por el domingo), yo quería ir a una manifestación de apoyo a los galgos que había en la Puerta del Sol y no era cosa de llegar a casa a las cinco de la mañana y luego levantarme a las diez. Pero, una vez allí, me enteré que también tocarían en un par de temas Eduardo Ramírez y Javier de Juan, de la primera formación de Cadillac, y decidí quedarme hasta el final.

Como suele ocurrir muchas veces, José María Guzmán le invitó a Sarah a cantar Proud Mary y yo me encargué de inmortalizar el momento, con el móvil en una mano y el gin tonic en la otra pero, ainssss, no puedo subirlo al blog porque el archivo pesa demasiado (para otra vez grabaré sólo la mitad de la canción o que canten sólo el estribillo).


La actuación terminó cerca de las tres y Sarah y yo nos fuimos, claro, qué tontería, no nos íbamos a quedar. Creo que llegué a casa a las cuatro y, no sé cómo, conseguí levantarme a las diez y media. Me tomé un café corriendo y me fui.


Cuando llegué a la Puerta del Sol me puse a buscar los galgos y no vi ninguno. “Claro”, pensé, como hace mal tiempo han cancelado la concentración y yo no me he enterado. Entonces me acordé de que tenía Facebook en el móvil y miré… En fin, un despiste lo tiene cualquiera: la manifestación a la que yo quería ir no era hoy, era el 16 (menos mal que no le dije a nadie que se viniera conmigo).

Bueeeno, ya que me había levantado después de dormir tan poco, decidí ir a la Cuesta de Moyano para buscar un libro que le interesa a mi amigo Luis, La Primera Guerra Mundial de Hew Strachan. Para el que no conozca Madrid le diré que la Cuesta de Moyano es una calle de Madrid que está en pendiente, junto al Retiro, y en ella hay unas treinta casetas con libros viejos, nuevos, joyas bibliográficas. Fui preguntando en todas las casetas por el libro, pero en ninguna lo tenían. Encontré libros de historia militar, otros de historia del arte con las letras grabadas en oro, libros de poesía… ¡Juraría que vi una enciclopedia!


Cuando me detuve en una dedicada a los cómics, entablé conversación con el hombre que llevaba el puesto. Estuvimos hablando de Historia, Arte, la Guerra y así estuvimos un buen rato. Tampoco él tenía el libro, pero pasando de un tema a otro, me recomendó varios que de buena gana me hubiera llevado si mi economía me lo hubiera permitido (todo llega). ¿Pude estar quince minutos o veinte? No lo sé, pero disfruté mucho de una charla a la que llegué porque me despisté por correr más que los galgos.


viernes, 31 de enero de 2014

Ruido

Llevo en la biblioteca cosa de dos horas o así. Vine con la esperanza de un poco de tranquilidad para estudiar, porque no hay nada como unos vecinos ruidosos para valorar otras oportunidades de paz. Al rato de llegar y ocupar un sitio con enchufe para el ordenador se han sentado dos adolescentes, que no sé si han venido a estudiar o a ordenar los apuntes o qué leches. Lo cierto es que he tenido que ponerme los auriculares y poner a Bach a todo volumen porque, no sé cómo lo hacen, el trasiego de papeles que se traen es insoportable.

Bach.

Como sigan así, dentro de un rato tendré que pasarme a Beethoven, cuya bendita sordera le impediría enterarse de semejante ruido, pero no le impediría ver la expresión de inteligencia de estas dos niñatas. A ver si el portátil termina de cargarse y me puedo cambiar de sitio.

Beethoven.