jueves, 8 de diciembre de 2016

Un poso de tristeza

Cuando empezó este año, en uno de tantos brindis dije "2016 va a ser mi año", aunque en realidad pensaba que iba a ser igual de gris que los cuatro años anteriores. Y, a decir verdad, 2016 ha sido un año bueno, a pesar de los problemas que nunca faltan.

Los que tampoco han faltado han sido aquellos que insisten en empañar los buenos momentos, los que no se quedan contentos si no dejan su mierdecita en la felicidad de los demás. Me recuerdan a esas fieras que, al verse heridas de muerte, reaccionan dando golpes a diestro y siniestro, aunque en este caso son personas que dan zarpazos en el alma de los otros, porque saben que no van a poder impedir la felicidad ajena ni saben disfrutar de lo que tienen, y de alguna forma quieren empañar esa felicidad.

Ya estoy deseando que se acabe el mes porque se promete agitado. Sé que si 2016 fue bueno, 2017 será mejor. Pero no puedo evitar un poso de tristeza, pues no encuentro alegría en las personas de las que más cabía esperarla.

martes, 22 de noviembre de 2016

Entre las páginas de un libro

Esta mañana, cuando bajé a comprar el pan, vi que se habían caído pétalos de flores en el patio. Aquello me recordó de cuando aún me compraba libros con cierta frecuencia: me gustaba poner dentro pétalos de rosas o una ramita de alguna planta.

También me acordé que le dejé un libro a un amigo que estaba económicamente peor que yo. El ejemplar no lo volví a ver aunque, bien mirado, me hizo un favor, porque era una auténtica mierda. Lo que me molestó realmente fue que, al abrir aquellas páginas, encontró un pétalo de rosa y lo tiró, como si fuera una porquería cualquiera y como si el libro fuese suyo.

Hace tiempo que ya no hablo con aquel individuo, en parte porque teníamos criterios muy diferentes sobre el conocimiento. Él estudió Filosofía, y eso le hacía creerse por encima del resto de los mortales, y no se cohibía en hablar con asco de la Historia. Está claro que me faltó reflejos con él. Cuando tiró el pétalo debí decirle cuatro cosas, coger mi manual y salir corriendo. ¿Qué derecho tenía él en tirar algo que ya formaba parte de aquel tocho, algo que, al fin y al cabo, yo decidí poner ahí para que hubiera algo hermoso entre las páginas de un texto espantoso?

Ahora, casi siempre leo en una tablet o en el ordenador, más que nada por una cuestión de espacio. No puedo meter flores o ramitas de plantas, pero elijo fondos de escritorio bonitos, que signifiquen algo para mí. Esos no los podrán quitar. Aunque, quién sabe...


lunes, 19 de septiembre de 2016

En la parada del bus

Como en mi casa no ha funcionado el aire acondicionado durante el verano, muchas veces he ido a una cafetería para trabajar con el portátil mientras me tomaba unos cafés. Se está bien: antes los escritores iban con su bolígrafo y unas hoja, ahora ya van con su portátil.


Una noche, cuando di por terminado mi trabajo, fui a la parada del bus para regresar a casa. Me quedé de pie al lado de un chico chino, que a su vez estaba sentado junto a una señora que tenía a su izquierda a una pareja de filipinos. Cuando la señora se dio cuenta que los que estábamos a su alrededor llevábamos un smartphone, se puso a hablar con los filipinos como si le estuvieran prestando atención. Decía que esa misma mañana había hablado con una chica filipina muy lista ("los filipinos son muy listos") a la que preguntó si sabía en qué año llegó Cristóbal Colón a América, y que la chica en seguida miró en el móvil y le dijo que 1492.

Como los filipinos no le hacían caso porque estaban "ocupados", la mujer se puso a hablar con el chino. Y le empezó a contar que "ahora los chicos jóvenes no sabe algo y lo miran en el teléfono". La mujer le preguntó en qué trabajaba y el chico se puso a sonreír. La otra siguió preguntándole todo tipo de cosas como si tuviera derecho a ello. "Oye, tú tienes la EGB ¿no?". Yo estaba indignada. ¿Por qué daba por sentado que el chico se había quedado en la EGB? ¿Porque era chino?


La señora debía creerse un pozo de sabiduría, porque empezó a contarle al chino que Cristóbal Colón se embarcó en una de las carabelas y que descubrió América porque, en realidad, no iba a América sino que iba a buscar China y en el camino se encontró con América.

El joven chino estaba partiéndose de risa, no sé si porque se enteraba de todo o porque no se enteraba de nada. Yo no dije nada porque la mujer en ningún momento se dirigió a mí, pero me quedé con las ganas de pegarle un buen corte. ¡Y encima no entendía que nadie le prestara atención! Por si acaso, al subir al bus, me fui al fondo, en la parte donde se pueden apoyar los pies.


Reconozco que me quedé rabiando y con ganas de decirle cuatro cosas a la tipa esa, pero otra vez será. Desde luego, las paradas del bus dan para mucho.

jueves, 25 de agosto de 2016

Puajjjj, qué asco

Mira que hay gente guarra. Hace unos días, al salir del trabajo (sí, estoy trabajando), vi cómo se iba delante de mis narices uno de los buses que, por la época del año que es, tienen una frecuencia indecente. Llegué a la parada y, con una aplicación del móvil, vi cuándo llegaba el siguiente. Derrotada al ver que aún iba a tardar 57 minutos (y eso si iba, porque a veces parece que los buses son abducidos) me dejé caer sobre el cristal de la marquesina. De pronto, noté en mi brazo algo pegajoso y, en mi inocencia, pensé que habría fiestas o alguna actuación y que aquello sería pegamento de algún cartel caído antes de tiempo.

Me puse firmes y miré al cristal... Para qué tuve que mirar, si por algo dicen que la curiosidad mató al gato, en este caso de asco. Había un escupitajo pegado al cristal a modo de masa traslúcida que se había derretido un poco y que fue escurriéndose por el cristal hasta que paró cual lava volcánica (hubiera preferido la lava).

En cuanto llegué a casa me enjaboné el brazo bien enjabonado, y después de enjuagarme, vacié un bote de alcohol dándole a mi brazo un brillo momentáneo y un olor aséptico. Ahora, la pregunta es: ¿quién puede ser tan cerdo o cerda para dejar expuestas semejantes manifestaciones guturales a la vista de los viajeros desesperados? Encima yo, que por mi estatura no llego a ninguna parte, esta vez llegué al pollo y la impresión se me quedó incrustada en la piel y en el cerebro.

En fin, como me dijo mi madre "a ver si tienes más cuidado lo próxima vez, y tampoco te sientes en el banco de la marquesina, porque una vez se te quedó pegado un chicle rosado a unos vaqueros que estabas estrenando".


lunes, 1 de agosto de 2016

Por encima del hombro

Entre el grupo de personas a las que conozco, hay alguien que tiene una profesión diferente a la que me dedico yo. Solo voy a decir que es una profesión bonita, pero eso le hace creerse con derecho a pasar a mi lado como si yo no estuviera. También hay una persona que trabaja en algo más duro, y cada vez que me ve, no desaprovecha la ocasión de soltarme un sarcasmo, como si el hecho de estudiar lo que puedo para cuando me salga un trabajo, que no significara nada.

Pero la suerte de la gente puede cambiar, la mía por ejemplo. En el momento de escribir estas líneas, puedo decir que he trabajado un mes en una empresa, y estoy muy agradecida porque me han tratado como una persona más, no como el último mono. Además, he aprendido muchas cosas que me pueden servir para nuevos trabajos. Y ahora me han contratado un mes para otro.

Confío en que todo esto sea el principio de una buena racha, que ya me toca. A mucho nos cuesta sentirnos personas sin un trabajo, pero lo somos. Y cuando lo tenemos nos sentimos más fuertes que nadie, y nadie se atreve a mirarnos por encima del hombro.

lunes, 27 de junio de 2016

Recortes

Desde hace tiempo, cuando reviso las webs de empleo en las que estoy apuntada, veo en las ofertas a las que envío mi curriculum que éste figura como recibido, mejor aún si doy el paso a inscrito, y si lo veo como preseleccionado me siento en la gloria. Y solo por ello ya no me atrevo a irme de vacaciones y creo que merece la pena. Pero ha ganado las elecciones el Partido Popular, el único partido que antes de las elecciones anunció recortes.

Hace seis años envié el curriculum a dos ofertas de empleo para poder trabajar en algo relacionado con Archivos Históricos. Un día vi mi candidatura como seleccionada pero no me habían llamado. Acababa de examinarme de las oposiciones para profesor de E.S.O. y Bachillerato, y pensé que por la preocupación se me pudo pasar alguna llamada o algún correo electrónico. Localicé la empresa que se ocupaba de la selección y me dijeron que, si figuraba como seleccionada es que me habían seleccionado pero, si no me llamaron, fue porque el proyecto se vino abajo por los recortes. Nunca había llorado tanto al perder un trabajo así.

Como dije antes, ha ganado las elecciones el Partido Popular, el único partido que antes de las elecciones anunció recortes. Mi pregunta es ¿de dónde piensan recortar ahora?




viernes, 10 de junio de 2016

A great day's night

He tardado en escribir unas líneas sobre el gran acontecimiento musical de los últimos días. Mis colegas blogueros han escrito mucho y muy bueno. Pero siempre hay algo o alguien que te empuja a hacerlo... Pasa que yo también estuve en el Vicente Calderón el 2 de junio de 2016. ¿El motivo? Pues cuál va a ser el motivo: Paul McCartney, recuerdo vivo de The Beatles (con permiso de Ringo Starr).


Como suele ocurrir en estos casos, el anuncio de la actuación de Sir Paul en Madrid me pilla sin un miserable euro para las entradas, pero a veces mi madre tiene unos prontos que flipo: me invitó para celebrar mis 50 años y sus 80. Y fue grandioso.

Yo ya tuve la suerte de verlo en Madrid en 1989, pero mi madre nunca había visto una cosa así: 45.000 personas cantando al ritmo de Obladi-Oblada, disfrutando de los fuegos artificiales de Live and let die y bailando con Can't buy me love.


Cantó My Valentine, dedicada a su actual esposa y presente en el estadio. Recordó a Linda, su primera mujer cuando sonó Maybe I'm amazed. También estuvieron presentes John y George cuando sonaron Here today y Something, con la que tocó un ukelele. Y, cómo no, nos emocionó a todos con Hey Jude y Yesterday, la canción más versionada en toda la historia (yo también tengo una versión).

Back in the U.R.S.S., nos hizo sentirnos como The fool on the hill, y todos pensamos que You won't see me aunque a quién no le hubiera gustado lo contrario y subir al escenario para abrazar a Macca.


El público asistente estaba más que contento. Paul McCartney nos hizo felices el día del concierto, que disfruté en la mejor de las compañías, mi madre: imposible sentirse como Elanor Rigby.

Fueron más de cuarenta canciones que nos hicieron cantar, bailar, soñar..., y así seguirá siendo durante mucho tiempo. Gracias Paul por hacernos un poco más felices. ¡Hasta la próxima, Sir Tronco! Y en el estadio de mis amores, le pese a quien le pese.