sábado, 10 de noviembre de 2012

Tartaja


Hace unos días me ocurrió en el trabajo una de las peores cosas que le pueden ocurrir a un encuestador telefónico: me atasqué en una palabra y me puse a tartamudear. Era el miedo a perder mi trabajo si lo hacía mal…

lunes, 22 de octubre de 2012

A vueltas con el dulce de leche


El que no se consuela es porque no quiere. El lunes de la semana pasada me llamaron para incorporarme ese mismo día de una empresa donde había estado trabajando anteriormente para hacer una encuesta; no sé en qué momento oí que una semana. Una vez dentro de la ballena dijeron que hasta el viernes, y después la cosa se quedó en cuatro días. El último día que estuve me dieron un equipo con el que apenas oía y apenas me oían a mí los encuestados, era como si hubiera puesto una conferencia con un poblado de hormigas: tenía que pegar tales voces que aún me duele la garganta, aunque he conseguido dejar atrás la fiebre.

Poblado de hormigas

El mismo viernes me llamaron para decirme que ya no hacía falta que fuera, así que, en vez de ir al trabajo fui volando a mi oficina del Inem para apuntarme y en seguida fui al McDonald’s a pillar de su wifi con el ordenador para pedir hora con el fin de solicitar la reanudación del paro. ¡Horror! Cuando entro en la web correspondiente, me encuentro que debo elegir entre marcar la reanudación para no sé qué contributiva o la opción de alta/reanudación para no sé qué leches. Si elegía la opción que no era, y luego por ello no me podían atender, tenía que pedir cita nuevamente y vete a saber cuando podía pedir la reanudación, y como ya había pasado por un problema así cuando pedí el paro en el verano… Después de estar cuarenta minutos al teléfono para que nadie me pudiera ayudar (máquinas sí había, pero personas no), decidí cerrar el portátil e irme al super a comprarme un bote de dulce de leche, infalible contra la ansiedad.

Ummmm...

Abrí el bote, cogí una cucharada sopera y empecé a comerme el manjar poco a poco. En menos de veinticuatro horas dejé el bote por debajo de la mitad pero me dejó una sensación de paz que casi me hace olvidarme que mañana tengo que regresar a mi oficina de desempleo. Iré con el ordenador y el pincho de internet, me conectaré ahí mismo y luego les pediré, con la pantalla correspondiente delante, que me indiquen cuál es la opción que debo marcar. Cualquiera puede pensar que exagero, pero si por no llevar mañana el portátil no me explican donde debo hacer clic, tendré que pasarme otra vez a comprarme otro bote de dulce de leche y más papel higiénico.

En fin...

lunes, 8 de octubre de 2012

Buitres


Hoy es domingo, supongo que no llamará. Me refiero a un empleado de la entidad bancaria donde me ingresan el paro desde que me quedé sin trabajo allá por el mes de julio.

Joven empleado de banca buscando posible cliente para un seguro.

Tuve que ir un día a mi sucursal, hace ya tiempo, a hacer una gestión y uno de esos señores que se sientan en las mesas me ofreció un seguro (no me acuerdo de qué), pero como estaba a punto de quedarme sin trabajo no me lancé (y de seguir con trabajo dudo mucho que lo hubiera hecho). A pesar de ello, ese buitre con aspecto de empleado de banca no deja de llamarme toooodos los meses. Y yo descuelgo el teléfono con la esperanza de que se trate de una oferta de empleo. A ver, que tiene que hacer su trabajo, pero muy listo no debe ser para no darse cuenta todavía que su producto me importa un carajo y que haría bien en buscarse otro cliente, más que nada por no perder el tiempo (y por no hacérmelo perder a mí). Pero si este chico (digo chico porque no pasará los 25 años) es un buitre desesperado por vender algo porque a saber si se juega el puesto o le dan comisión (eso ya no lo sé), sus jefes son aún más buitres, y no les importa que se esté ofreciendo un producto a alguien que no da garantía de continuidad en el pago, porque lo que importa es sacar los cuartos a cualquiera durante el tiempo que sea posible, aunque sea a alguien que no tiene ni medio año con prestación por desempleo. Y una vez que se deja de pagar, lo que has desembolsado no te sirve para nada.

Jefes del joven empleado de banca decidiendo qué hacer con los posibles compradores de un seguro que lo único que tiene de seguro es que no es seguro que quien lo contrata lo paga todo el tiempo que lo necesita.

Dicho esto, confío en que las cosas no tardarán en mejorar. ¿Por qué no? Ya sé que más de uno o una pensará que soy una ilusa, pero me da igual lo que piensen. Necesito un poco de optimismo, aunque sea imaginario para que los buitres terminen convirtiéndose en una sombra, aunque siempre oscura, si al menos lejana.

Jefes del joven empleado de banca desolados porque no se cumplen las previsiones de ventas de seguros. Pero ¿hay alguien que pueda contratarlos?


sábado, 22 de septiembre de 2012

Yo no soy pobre


Estos días en que me sobra más tiempo de lo que quisiera estoy ordenando mis notas de la agenda y he borrado cosas que me convenía conservar: estoy muy distraída y no me concentro en lo que hago.

José Mujica

Me pongo a navegar por la red buscando algo que me llame la atención y tuve la suerte de encontrar en Facebook algo que le debería hacer pensar a más de uno. Se trata de unas palabras del presidente de Uruguay, Pepe Mujica. No sé cuando las dijo, pero no creo que eso sea importante porque sus palabras deberían ser eternas. Dicen lo siguiente:

Yo no soy pobre, pobres son los que creen que yo soy pobre. Tengo pocas cosas, es cierto, las mínimas, pero sólo para poder ser rico.

Quiero tener tiempo para dedicarlo a las cosas que me motivan. Y si tuviera muchas cosas tendría que ocuparme de atenderlas y no podría hacer lo que realmente me gusta. Esa es la verdadera libertad, la austeridad, el consumir poco. La casa pequeña para poder dedicar el tiempo a lo que verdaderamente disfruto. Si no, tendría que tener una empleada y ya tendría una interventora dentro de la casa. Y si tengo muchas cosas me tengo que dedicar a cuidarlas para que no me las lleven. No, con tres piecitas me alcanza. Les pasamos la escoba entre la vieja y yo; y ya, se acabó. Entonces sí tenemos tiempo para lo que nos entusiasma. No somos pobres.

Ahí queda eso. Sr. Mujica: ojalá hubiera más gente como usted.

lunes, 27 de agosto de 2012

No es tan difícil


Seguro que he dicho más de una vez que vivimos una época difícil (uy, qué lince…). Nos pasa algo y en seguida estamos escribiendo un sms o un email, que siempre parece que molesta menos que una llamada pero, si no tienes tarifa plana, mejor un cara a cara. Lo curioso es que, si pones 10 ó 15 sms (o más) te los contestan todos, y te animan con las palabras más cariñosas. Si se trata de una llamada te hablan hasta que reciben un sms que indica que se han terminado los minutos que dicen que son gratis (si tienen teléfono fijo no sé qué excusa se inventarán), y si quedas con alguien te echan la bronca cuando te preguntan “qué tal” si luego resulta que tu problema es el de siempre. Si ya lo saben ¿para qué preguntan?


Aquí lo que me planteo es una cosa: ¿nadie se da cuenta que la solución más barata, y con la que se dice más, es un simple apretón de manos o unas palmaditas en la espalda? (un abrazo ya cuesta). No es tan difícil. Lo que sí tengo claro es que, a partir de ahora, cada vez que me pregunten cómo estoy me limitaré a un “bien, gracias”. Lo mismo que sé escuchar, también sé ser borde.

lunes, 20 de agosto de 2012

Yo confieso...

No, no voy a hablar de Montgomery Clift. En tiempos de verano la relajación tanto física como mental sigue caminos insospechados… No estoy haciendo nada de ejercicio por el calor y leer me cuesta (quizás necesite gafas nuevas), pero al menos tengo con quién hablar de diferentes temas que me gustan. Y es que, desde hace tiempo le dejo mis libros a un amigo que está pasando un mal momento (eso todos, pero él peor), y la lectura le está ayudando a evadirse. Le he dejado un libro sobre la “verdadera” historia de los mosqueteros, otro sobre el III Reich, ahora mismo está leyendo uno sobre la revolución alemana de 1918… Lee a la velocidad del rayo, y es un gran erudito, por lo que las conversaciones con él son muy enriquecedoras: lo mismo hablamos de filosofía, que de arte, historia, política u ortografía.

Athos, Portos, Aramis y D'Artagnan.

Un día nos fuimos a tomar una cerveza y estuvimos hablando de lo que habíamos hecho en el día. Le conté que había estado viendo la tele porque, a ver, no todo va a ser estudiar. Casi todas las series que me gustan ver son reposiciones, se ve que por la crisis no compran capítulos nuevos, pero no me molesta demasiado. De pronto, y sin avisar, le solté que estaba viendo un culebrón que, además, era una reposición. Este culebrón me gusta especialmente, no por las actuaciones de los actores jóvenes, sino por la de los más mayores, que hacen un trabajo mucho mejor probablemente por la experiencia.

Arturo Peniche.

Me dí cuenta que mi amigo se quedó impactado, mudo; quizá le parecía inconcebible que alguien que lee sobre la Primera Guerra Mundial sea capaz de ver una telenovela donde la tía solterona es la única que no se come una rosca. Ya podía hacer una disertación sobre la relación que había entre La Celestina y Real del Monte, que el pobre no recuperaba la palabra.

Leticia Calderón.

Después de un momento de silencio, mi amigo empezó a pasar las hojas del libro que le había llevado y se puso a ver las fotos. “Éste es el káiser, ¿no?”, acertó a decir después de permanecer callado largo rato. Traté de desfacer el entuerto diciéndole que otro de mis grandes secretos es mi afición a las películas de Jackie Chan pero hizo una mueca muy rara, así que nos despedimos hasta la próxima y me fui a casa.

Guillermo II.

La verdad, no lo entiendo. ¿Dije algo malo? En el capítulo de mañana creo que la chica a la que plagiaron un libro conseguirá poner en evidencia al cerdo que lo hizo, y todo gracias a la ayuda de su jefe, del que está enamorada en secreto pero que se va a casar con otra que a su vez prefiere al padre legal del chico que…

Jackie Chan.

viernes, 3 de agosto de 2012

El Hospital Clínico Veterinario

Poco a poco voy regresando a la normalidad, después de mi fallido examen de julio y molestias estomacales provocadas por las preocupaciones y el calor, lo que me ha retrasado en un montón de planes. Esa normalidad incluye haberme quedado sin trabajo, lo que da mucho tiempo para pensar y volver a escribir, por ejemplo, sobre el cierre del Hospital Clínico Veterinario de Madrid el 12 de julio, por falta de crédito. Este centro está vinculado a la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense, y es donde sus estudiantes hacen las prácticas.

Hospital Clínico Veterinario.

Hace cosa de dos años tuve el triste privilegio de saber de la categoría humana y profesional del personal de ese centro cuando mi perro Trasgo fue tratado ahí de sus dolencias en sus últimas seis semanas de vida. En todo ese tiempo, no nos pudieron tratar a Trasgo y a mí con más cariño, lo cual se agradece en una situación que para mí era del todo nueva. Cuando la muerte de Trasgo se hacía ya algo inevitable, le pregunté a su oncóloga si podía donar su cuerpo para investigación, y me dijo que sí, y que ese era precisamente el lugar donde debía hacerlo: lo hice porque era el mejor equipo oncológico para perros de toda España. Aquí quiero dejar bien claro que si no salvaron a Trasgo es porque ya no se podía hacer nada por él, y que si doné su cuerpo a la ciencia fue por ayudar a otros perros. Y quién sabe si lo que estudiarían con él también serviría para ayudar a personas.

Ya sé que mucha gente estará pensando que antes que dar dinero a los animales mejor dárselo a las personas. Pero, los que nos hemos pasado casi toda la vida solos no lo vemos así: no hay nada como un guau o un miau para combatir una depresión. Y tener la seguridad que va a haber alguien que atienda a nuestro perro, gato, caballo o lo que tengamos, y que además lo haga bien, es algo que no tiene precio. El Hospital Clínico Veterinario de la Universidad Complutense de Madrid es un referente de cómo debe ser un centro de esas características. 

Trasgo en una mesa de reconocimiento del Hospital Clínico, hace dos años.

Pero no todo van a ser malas noticias. El malestar que me ha impedido trabajar en los blogs durante tanto tiempo ha hecho que el final de este post sea muy diferente al que tenía pensado cuando empecé a escribirlo. Resulta que el 30 de julio ha habido una reunión en el Rectorado para hablar de la reanudación de la actividad del Hospital Clínico, y parece que se tienen esperanzas de que no tarde mucho. De ser así, sería la primera noticia con esperanza que oigo en mucho tiempo.